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Disipando temores

Miguel Ángel Puértolas

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Veo en el discurso de Andrés Manuel López Obrador, dado previo a su arribo al festejo en el Zócalo de la Ciudad de México, un interés inmediato de disipar los temores de quienes no votaron por él y quienes manifestaron durante su campaña las dudas respecto a cómo se conduciría el gobierno que le tocará encabezar.

Veo también una muestra de civilidad política por parte de todos los actores en la elección el reconocimiento de la derrota mucho antes de lo esperado y viendo que las tendencias eran irreversibles, tal vez el reconocimiento más rápido que yo recuerde en los últimos 18 años, incluso más que aquel día que Ernesto Zedillo reconoció el triunfo de Vicente Fox extinguiendo toda duda sobre el proceso electoral y su posible manipulación.

Pero volviendo al discurso del candidato que se perfila como virtual triunfador de la elección para Presidente de México, creo conveniente resaltar algunos extractos que lo que vienen a hacer es eso disipar temores y buscar confianza en el proyecto que le tocará encabezar como jefe del Ejecutivo Federal.

Tal vez el temor más grande de quienes no votaron por su proyecto era la posibilidad de convertir su mandato en una dictadura, por el discurso constante de que México terminaría siendo una copia de Venezuela en donde Nicolás Maduro se ha mantenido por todos los medios posibles al frente de la presidencia de este país.

Su proyecto, dijo AMLO, es el de establecer una auténtica democracia, y subrayó que no pretende construir una dictadura abierta, con lo que hace la promesa de terminar en 6 años, ni una dictadura encubierta, como la que gobernó a México durante 70 años que se mantuvo el Partido Revolucionario Institucional en el poder hasta que la alternancia llegó de la mano del PAN en el 2000. Habló de que no se conducirá con el presidencialismo hegemónico y todo poderoso de antaño al asegurar que harán cambios profundos pero apegados al orden legal establecido en el país.

Otro de los miedos que busca disipar es el de que su proyecto golpearía las garantías individuales se refirió al completo respeto a la libertad empresarial, para intentar alejar el temor de las famosas privatizaciones de antaño, dejando en claro que su gobierno no pretende regresar al pasado, habló de libertad de expresión, asociación religiosa y respeto a los derechos consagrados en la constitución.

Buscó también disipar los temores entre la iniciativa privada del país, respecto a que podría no reconocer compromisos adquiridos por el gobierno con instituciones financieras nacionales e internacionales, lo cual hoy seguro se verá reflejado en al abrir las operaciones el mercado bursátil mexicano, que seguro no tendrá la volatilidad esperada en un ambiente de incertidumbre.

Pero hizo un puntual señalamiento, a diferencia del discurso hostil hacia la reforma energética, esta vez habló de revisar los contratos con particulares para evitar cualquier acto de corrupción o ilegalidad, que en caso de existir echará abajo acudiendo al Congreso de la Unión o de ser necesario a los tribunales nacionales y extranjeros.

AMLO llamó a la reconciliación, y es bueno que después de la contienda venga la calma, pero ahora es momento de empezar a cumplir.

miguel.puertolas@milenio.com

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