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En frecuencia

Al diablo con sus instituciones

Miguel Ángel Puértolas

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La liberación de Elba Esther Gordillo me preocupa profundamente por varias circunstancias que dejan mal paradas a las instituciones del Estado Mexicano. Y es que se vuelve repetitivo del sistema el uso de estas para intereses oscuros que terminan por enlodar a entes como la misma Procuraduría General de la República.

Se ha hablado respecto a que el único fin de que la maestra estuviera tras las rejas fue frenear la capacidad de convocatoria que tenía, y que al parecer sigue teniendo, entre el magisterio y su sindicato, uno de los más grandes del país para frenar el proyecto de Reforma Educativa emprendido por la actual administración federal.

La única manera de tenerla en prisión era formulándole cargos por delitos graves como el de delincuencia organizada aunque fuera difícil probar la acusación del Ministerio Público, para lo cual la PGR fue utilizada sin el menor escrúpulo al ser como ya lo he dicho en otros espacios una enemiga del sistema.

Elba Esther Gordillo estuvo en prisión no por un acto de justicia sino por un acto de revancha política, en el que la pretensión era impedir que organizara al sindicato que dirigía en contra de la Reforma Educativa y no necesariamente por malos manejos del dinero del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, lo cual debe de asustarnos pues cualquiera que sea un “estorbo” para el gobierno puede sufrir la misma suerte.

El caso de la maestra es solo uno de tantos en los que el gobierno ha decidido poner en marcha la maquinaria para aplastar a sus oponentes, ahí tiene el caso de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, ex dirigente del sindicato de Petróleos Mexicanos, acusado de acopio de armas, cuando este delito era grave, para asegurarse que pasara en prisión todo el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, con quien se confrontó.

No se diga el caso del dirigente del sindicato minero Napoleón Gómez Urrutia, hoy senador por Morena, perseguido por un supuesto fraude por 55 millones de dólares en contra del gremio que representaba y que al final también fue exonerado.

Los tres casos tienen en común el haber amasado fortunas que no correspondían necesariamente al ingreso que debían tener como líderes sindicales, todos también tienen en común el haberse servido del poder en turno hasta que fueron considerados enemigos del sistema, y al no alinearse pagaron las consecuencias de su rebeldía con ese sistema del que se sirvieron para concentrar el poder que llegaron a tener.

Si uno de los líderes más poderosos como Carlos Romero Deschamps no ha sido señalado pese a estar en las condiciones antes citadas, es precisamente porque ha sabido mimetizarse y servir al poder en turno sin confrontarlo independientemente del partido en el gobierno, de ahí la conjetura de que en este país a algunos se les hace justicia y a otros simplemente se les aplica la ley a pie juntillas.

Imposible separar la “casualidad” de la liberación de la maestra el mismo día que AMLO era declarado presidente electo, tras saberse del apoyo de esta a su movimiento. No deje fuera también el apoyo del sindicato de Pemex a la campaña de López Obrador… entonces ¿cuál cambio? ¿Dónde está la cuarta transformación?

miguel.puertolas@milenio.com

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