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Viernes , 21.09.2018 / 19:19 Hoy

En frecuencia

2017-09-07

Miguel Ángel Puértolas

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Cuando se quieren hacer las cosas, suceden. En México tenemos claras pruebas, como lo hemos expuesto en esta serie de comentarios, de que simplemente no se quieren cambiar muchas cosas sobre todo porque hay grandes intereses económicos derivados de los altos niveles de corrupción que permean en el país.

Ya le decía que poco se dice respecto a la ordeña de combustible en Pemex, poco se dice de la clara corrupción que hay y que permite la extracción de las mismas refinerías del combustible que luego termina en gasolineras que vuelven legal el producto generando importantes ingresos al crimen.

De todos es conocido y poco se hace al respecto, hoy no sabemos siquiera de un proceso concluido con este tema y aquí solo sabemos de un caso y que ahora corre el riesgo de irse al archivo muerto como fue el de la refinería de Salamanca.

Esta actividad ha permeado en la sociedad civil que al verse beneficiada por dádivas de los criminales, han terminado por protegerlos, creando bases sociales en gran parte del país en donde operan los ladrones de combustible, en donde los más necesitados se convierten en carne de cañón que incluso afrentan a las autoridades para impedir su acceso a las rutas donde se encuentran las tomas, por ejemplo, o las brechas por donde se desplazan los carros tanques que llevan el huachicol.

Las ganancias derivadas de esta actividad ascienden a miles de millones de pesos, dinero suficiente para corromper a quien se deje, en especial a empleados de Pemex de cualquier nivel que aportan desde información hasta herramienta para que se consume el robo de combustible.

Y no hablemos del tráfico de armas, por ejemplo, estas que pasan por las aduanas, que parecen coladera sin malla, dejando que sigan entrando al país miles de estas, con grandes ganancias para los traficantes y quienes sucumben al dinero fácil de la corrupción, aderezando con la imposibilidad de frenar con la prisión preventiva de entrada a quienes se les sorprende con verdaderos arsenales.

Una prueba de que si realmente se quiere, se puede, fue lo que ocurrió en Guanajuato con el robo al ferrocarril, muy sencillo las empresas ferrocarrileras reconocieron que parte del problema estaba al interior de éstas, pues en algunos casos los mismos maquinistas estaban coludidos con criminales o deliberadamente detenían los trenes justo en los puntos en donde se registraban los robos.

Luego entonces decidieron invertir en seguridad, apoyar en sus actividades por ejemplo al Ejército y policías que vigilarán los pasos de sus trenes y hasta decidieron invertir en el cuartel de la Policía Militar de Irapuato. El resultado, según me reportan altos mandos militares, fue la reducción drástica del robo a los trenes en la entidad.

Una clara prueba de querer resolver el problema del robo al tren.

Querrán en Pemex hacer lo mismo o le apuestan al saqueo para contribuir a su quebranto... el tiempo lo dirá.

miguel.puertolas@milenio.com

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