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Martes , 23.10.2018 / 07:14 Hoy

Bambi vs. Godzilla

"Ya veremos": depurando la fórmula taquillera

Maximiliano Torres

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A diferencia de Hollywood, en México la comedia sigue siendo la única fórmula comprobada para el éxito en taquilla. Y aunque todos en la industria parecen saberlo, son pocos los que están haciendo algo para depurar dicha fórmula. En su quinta entrega dentro del género, Pedro Pablo Ybarra consigue su trabajo más funcional, demostrando que una de las tareas pendientes más urgentes para el cine mexicano comercial es la buena ejecución.

Santi (Emiliano Aramayo) es un chico de once años que recibe una noticia que cambiará su vida. Padece glaucoma y el pronóstico médico es que lo mismo podría curarse que perder la vista. Consciente de que podría quedar ciego de por vida, el niño hace su lista de cosas que le gustaría ver antes de enfrentar su posible destino. Uno de los requisitos de este documento es realizar las actividades en compañía de sus padres, Rodrigo (Mauricio Ochmann) y Alejandra (Fernanda Castillo), quienes están separados. A punto de partir de viaje con su nueva pareja, uno de los hombres más ricos de México (Erik Hayser), Alejandra decidirá concederle a su hijo esta serie de últimos deseos, en tanto que Rodrigo, un médico sumamente ocupado, dejará en espera a sus pacientes más demandantes.

A diferencia de sus pasadas alineaciones actorales en las que hubo elementos flojos, Ybarra reúne a cuatro sólidos protagonistas. Sacudiéndose la popularidad de sus roles en El Señor de los Cielos, Mauricio Ochmann y Fernanda Castillo vacacionan de las narcoseries en este ligero retrato familiar en el que su dinámica de amor y odio marca el ritmo de la trama. Sin desesperados afanes por hacer reír, lo cual se agradece. Como el hijo pre-adolescente, Emiliano Aramayo es igualmente una acertada elección de casting y aunque Erik Hayser necesitaba más escenas para imponer su personaje, el común denominador de este elenco es que nadie cumple un rol de relleno como, digamos, el de la mejor amiga de la protagonista en una comedia romántica. Los personajes secundarios existen, sin embargo, no roban tiempo a la historia.

El acierto más interesante de Ya veremos es su tono. No es el hecho de que sus personajes se entreguen a situaciones cómicas para sobrellevar una enfermedad delicada lo que llama la atención, sino la madurez con que su pequeño protagonista afronta el diagnóstico. Esa inteligencia emocional frente a la adversidad evita al espectador derroches de cursilería o melodrama. Después de resultados mixtos con cintas como El Cielo en tu mirada, Amor a primera visa, El que busca encuentra y A la mala, Pedro Pablo Ybarra consigue su comedia más lograda y la razón podría ser que ha cambiado la ciclada comedia romántica por la todavía rescatable comedia familiar.

Hay que reconsiderar eso de que los prejuicios del público suelen ser el peor enemigo del cine mexicano. La mayor amenaza, si me preguntan a mí, son sus trailers. En el caso de Ya veremos, como en el caso de muchas producciones nacionales, su peor adversario es su avance promocional. Ese corto, por lo general hecho sin reparos, nos cuenta demasiada información, no está editado con la intención de crear curiosidad por la película y, para colmo, es pautado casi siempre en funciones de películas mexicanas, nunca mezclado con trailers de Hollywood. Tomemos ésa como la segunda tarea urgente para el cine mexicano comercial.

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