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Bambi vs. Godzilla

Sin backstage, "Rapsodia Bohemia" funciona

Maximiliano Torres

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Rara vez una película me produce sentimientos tan encontrados y termino recomendándola ampliamente. Rapsodia Bohemia, tributo cinematográfico al legado musical de Queen, es esa excepción. Abarcando desde el momento en que los cuatro integrantes de la agrupación inglesa se conocieron hasta su histórica presentación en el concierto a beneficencia Live Aid, este recuento consiste en tres cuartas partes de trivia acerca de sus canciones y una cuarta parte de biografía. Nada mal, considerando que el repertorio de Queen es el catálogo definitivo de los himnos universales. Enfocarse en cómo nacieron temas como “We will rock you”, “Another One Bites The Dust” o “Somebody To Love” en lugar de ahondar en la historia personal de sus compositores es más que válido, bienvenido.

Organizaré entonces mis sentimientos encontrados. Los aciertos por delante: esta cinta está hecha para contagiarnos lo más parecido a la experiencia sensorial de ver a Queen en vivo. Y lo consigue. Desde el logrado parecido de cada actor con su personaje, la recreación de sus shows hasta la presencia de su líder. En los zapatos, bigote y dentadura de Freddie Mercury, Rami Malek es una revelación que no hubiéramos apreciado en sus tres temporadas de Mr. Robot. En general, la nostalgia es un concepto engañoso que nos hace pensar que todo tiempo pasado fue mejor. En lo que respecta a rock, grandes vocalistas y conciertos fuera de este mundo, Rapsodia Bohemia nos deja en claro que todo el que no vivió en el esplendor artístico de Freddie Mercury está en lo correcto al sentir nostalgia, pues no sabe lo que es bueno. Concedido.

Pero luego está esa parte biográfica que es descaradamente parcial. La trama se abstiene tanto, pero tanto de exponer detalles personales del guitarrista Brian May, el baterista Roger Taylor, el bajista John Deacon y el manager Jim Beach que parece una cofradía en la que los fundadores de la banda defendieron su privacidad. Naturalmente, Freddie Mercury era Queen y, por ende, él debía ser la película. Aún así, la falta de detalles sobre sus tres colegas es sospechosa. El único acceso que el guión nos da a Taylor, Deacon y May es a su escolaridad, mencionando en algún diálogo qué carrera universitaria estudiaron. De Freddie aborda sus parejas sentimentales, su sexualidad, sus excesos, el diagnóstico de VIH. Aunque afrontados, estos pasajes son atenuados para favorecer lo positivo: la creación musical, la experiencia descomunal que era presenciar un concierto de Queen. Esta intención, para algunos moralista, puede explicarse como una forma de obtener una clasificación que lleve la película a un público más extenso. O bien, podemos decir que al priorizar música sobre vida privada es congruente con la memoria Mercury, quién siempre se rehusó a dar explicaciones de cómo vivía su vida. No es la falta de sexo y drogas lo que le resta. Es la falta de cercanía con sus personajes, la descripción abreviada de todo lo que pasó fuera de un estudio de grabación o detrás de los escenarios, nos quedan los minuciosos montajes de la banda tocando en vivo en sus giras. Dicho en el argot de los conciertos, Rapsodia Bohemia nos niega el acceso al backstage de Queen. Para su suerte, invocar la atmósfera de los conciertos de unos de los mejores actos en vivo en la historia del rock, así como la presencia escénica de su vocalista es suficiente mérito para darle pulgares arriba.

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