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Jueves , 13.12.2018 / 15:26 Hoy

Bambi vs. Godzilla

Menos es absolutamente más en "Nunca estarás a salvo"

Maximiliano Torres

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Con solo cuatro películas en veinte años, la directora escocesa Lynne Ramsay puede permitirse una filmografía esporádica porque su cine no expira, ni se olvida, ni nos deja en paz. Basta decir que de ella son Ratcatcher (1999), Morvern Callar (2002) y We Need to Talk about Kevin (2011) para que estos títulos, como contraseñas de nuestra memoria cinéfila, revivan la intensidad audiovisual que produce su estilo. En pantalla, Ramsay estudia a personajes psicológicamente dañados, observados entre el realismo social y el surrealismo. La mezcla suena incompatible hasta que su magnífica puesta en cámara nos rapta. Su más reciente cinta no es la excepción a ese incomparable efecto.

En Nunca estarás a salvo Joaquin Phoenix interpreta a Joe, veterano de guerra que, con métodos violentos e ilegales, se dedica a rescatar a niñas que han caído en círculos de explotación sexual. Cuando un político lo contrata para salvar a su hija de una red de pederastas, la misión se descarrila fatalmente. Los recuerdos de la infancia de Joe y el estrés postraumático de sus días como militar lo acompañan e interrumpen su concentración durante este descenso al Nueva York más corrupto.

Menos es absolutamente más en la propuesta de Ramsay. Lo demuestra reduciendo la duración de su cinta a la cantidad más mínima posible de planos y escenas. Esta economía visual da a la historia la consistencia de una novela gráfica. La expectativa que tenemos del cine negro es: ahondar en el protagonista, en el conflicto interno que dificultará su redención, en su universo y el submundo en que se adentrará. Para ello, una cinta promedio se valdría de diálogos estilizados, despliegue de violencia, acción y ritmo marcados con edición frenética. Haciendo lo opuesto, Nunca estarás a salvo ofrece microestímulos: uno o dos planos para resolver escenas que usualmente son más elaboradas (los thrillers, en promedio, se filman con alrededor de mil planos). Luego están los flashbacks de Joe; tan breves como relámpagos. Hay objetos o detalles que representan situaciones enteras del mundo exterior: basta un dije con nombre de mujer para representar a una víctima de abuso, basta un pañuelo ensangrentado para imaginar la vida irreparable de uno de los socios de Joe.

La decisión más radical de Ramsay en este thriller es el uso aséptico de la violencia. Disociada de la connotación sensual, la estética cool y la catarsis que le atribuye la ficción mainstream, la violencia que practican sus personajes es epidémica. Para quienes disfrutan una cinta de acción con la cuota habitual de sangre, disparos y cadáveres, acabo de enumerar todas las razones para no ver Nunca estarás a salvo. Al no darnos lo que esperábamos, se arriesga a ser tachada de simple e inconsistente. Pero desde el primer minuto de esta excepcional reinvención del cine negro, la primera mujer en dirigir a Joaquin Phoenix y exorcizarle sus demonios actorales, nos convence de que hora y media es lo que se necesita para ir y volver del infierno.

twitter.com/amaxnopoder

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