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Sábado , 26.05.2018 / 13:17 Hoy

Bambi vs. Godzilla

"Luz de luna": la inmerecida nominada al Oscar

Maximiliano Torres

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Haciendo caso al reproche vociferado en twitter con el hashtag #OscarsSoWhite, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas anunció sus nominaciones al Oscar con una diversidad racial que nos hubiera gustado ver en el gabinete de Donald Trump.

La entrega 89 del Oscar incluyó, sobre todo, a los afroamericanos; con seis nominaciones en ternas de actuación y tres películas en la terna de mejor película que hablan de lo que significa ser y haber sido de raza negra en diferentes momentos históricos. Me refiero a Hidden figures, sobre las mujeres de color que hicieron un trabajo excepcional en la NASA a mediados del siglo pasado; a Fences, sobre un hombre que renuncia a sus sueños de juventud para ser jefe de familia. Y a Luz de luna, sobre la formación emocional de un chico que crece sin un núcleo familiar.

Luz de luna se estrena en México. En ella hay aciertos y defectos, y aunque no tiene la estatura de las mejores cintas del año, es una adición muy necesaria al canon del cine afroamericano.

Chiron es un chico de un barrio pobre de Miami al que veremos pasar por infancia, pubertad y edad adulta interpretados por tres actores diferentes. El primer acto (titulado Little) nos da todo su bagaje psicológico: su madre es drogadicta, su padre no existe ni existió en la trama y su vida social en la escuela es una crucifixión organizada por bullies. Su único aliado es Juan, un vendedor de droga que le ofrece techo y comida. En medio de toda esta adversidad, Chiron irá explorando y definiendo su identidad homosexual.

En la ficción, los negros están dedicados a subsistir, protestar, defender derechos civiles, proteger su integridad y cultura. Todas sus interacciones están determinadas por su raza, recibiendo pocas oportunidades de ocuparse de su vida interior. Lo que sienten y piensan como individuos. No como parte de un grupo. Con su segunda película, el director Barry Jenkins tiene el potencial de convertirse en alguien que abogue por causas omitidas del cine afroamericano. Mientras sus colegas abordan temáticas relacionadas con derechos civiles, equidad, representación política y cultural, Jenkins le da a sus personajes el derecho a la intimidad, la introspección.

La mirada íntima de Luz de luna a la experiencia afroamericana deja fuera dinámicas que serían indispensables en la narrativa promedio del cine que retrata a esta minoría étnica. Vemos, por ejemplo, que el entorno de Chiron es un barrio donde hay tráfico de droga. Lo que no vemos es la delincuencia y la violencia que genera dicha economía local. Cuando uno de los personajes sale de la trama, se nos da a entender que murió sin que hayamos visto las circunstancias de su muerte. Esta omisión pudo deberse a que no hubo presupuesto para filmar esas escenas pero, de igual modo, Luz de luna está exenta de brutalidad policiaca, discriminación, armas de fuego, hip hop y demás elementos que constituyen a las buenas y malas películas del canon afroamericano.

Lo que gana en fondo, lo pierde en forma. Jenkins filma con recursos que, lejos de sentirse esenciales para transmitirnos la fragilidad de Chiron, son artificiosos. Sus tomas fuera de foco, su cámara lenta, sus movimientos giratorios, incluso el bellísimo soundtrack de Nicholas Britell (que hasta no googlear pensé que era música clásica de otro siglo) dan un barniz de complejidad que pasa más como pretensión.

@amaxnopoder

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