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Viernes , 22.06.2018 / 05:17 Hoy

Bambi vs. Godzilla

Los verdaderos trolls de Cazafantasmas: sus guionistas

Maximiliano Torres

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No pude creer el tiempo que duré sin reír viendo Cazafantasmas. Tampoco puedo creer el tiempo que tardé en volver a reír después de la primera vez que reí. Mi risa, desde luego, no es estándar para evaluar películas. Pero este fue el primero de no pocos problemas que encontré en el reboot femenino de la comedia paranormal más entrañable de los ochenta. Las cuatro mujeres más cómicas de su industria fueron llamadas a pavimentar el camino hacia una era de franquicias con heroínas. En el proceso, el internet misógino les dio un millón de pulgares abajo en su trailer de YouTube. Quienes realmente le dieron la espalda fueron sus guionistas.

La física Erin Gilbert (Kristen Wiig) teme por su reputación académica en la Universidad de Columbia, luego de saberse que hace años co-escribió un libro sobre fantasmas que está ganando popularidad gracias a que su colega Abby Yates (Melissa McCarthy) lo ha puesto a la venta en internet. A cambio de que Abby suspenda la venta del libro, Erin aceptará ayudarla a seguir investigando sobre actividad paranormal. Organizan un grupo de investigación bautizado popularmente como Cazafantasmas. Se les unen la ingeniera Jillian Holtzman (Kate McKinnon) y Patty Tolan (Leslie Jones), una taquillera del metro neoyorquino.

Wiig, McKinnon, McCarthy y Jones son ideales para estos roles pero, al igual que las figuras de acción coleccionables, se venden por separado. Las veces que aparecen las cuatro juntas es para posar o hacer secuencias de acción. Su interacción y química, por el contrario, es fragmentada. Wiig y McCarthy hacen lo suyo en dupla, mientras que Kate McKinnon (sí, encantadora; sí, robacámara) por momentos parece insertada gracias a la edición, y no involucrada en las escenas grupales. Una suerte similar es la de Leslie Jones.

A menudo nos quejamos de cómo los reboots de joyas de la cultura pop son arruinados por cambios en la premisa, la trama o los personajes. Esta versión se mantiene fiel a la original y ahora resulta que eso es un problema.

Cuando no está rindiendo tributo al pasado, lo que mejor hace Cazafantasmas es tomar el rechazo cultural del que fue víctima para volverlo la fuerza antagónica que hace crecer a sus personajes. El cuarteto dirigido por Paul Feig hace frente a la academia, los medios y el gobierno que las tildan de farsantes. Esta ventaja bien jugada suma puntos a nivel de conflicto.

A nivel de comedia, Cazafantasmas es muy frustrante al mostrarnos que ha reclutado al talento indicado para contradecir a sus haters y desaprovecharlo. Es asombroso cómo sus diálogos y chistes son intercambiables y tienen poco o nada qué ver con la historia, como si una ronda de improvisación en el set hubiera determinado el material cómico de las cuatro.

Con actrices que brillan por separado, altibajos de humor, un guión poco inspirado y miedo a no enfadar a los fans del concepto original, Cazafantasmas tiene poco margen de libertad y creatividad, pasando a la historia como una película que explicará los momentos más oscuros de la discusión online de cine del 2016.

@amaxnopoder

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