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Martes , 11.12.2018 / 21:34 Hoy

Bambi vs. Godzilla

El terror detallista de "El Legado del Diablo"

Maximiliano Torres

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Con impresionantes cartas de recomendación llega El Legado del Diablo. Comenzó su imparable racha de elogios al estrenarse en el pasado festival de Sundance y hoy ya es rankeada entre las grandes obras de horror del milenio.

La madre de Annie Graham (Toni Collette) acaba de morir. Por las palabras que da en el funeral, sabemos que era una mujer sumamente privada con la que tuvo una relación difícil. La hija mejor de Annie, Charlie, resiente el deceso de la abuela y empieza a comportarse extrañamente. Buscando explicaciones a éste y otros eventos paranormales que atormentan a los Graham, Annie descubre verdades familiares que pondrán en duda su salud mental. Mientras su elaboración de maquetas para una exposición va retrasándose y nadie le cree que lo que está pasando tiene raíces sobrenaturales, Annie no parará hasta descubrir que la maldición que padece es herencia familiar.

En su primer largometraje, el director Ari Aster debuta con noción clara de qué contar y cómo transmitirlo. Atmosférica, dramatizada a complejidad, con actuaciones por encima de la media en cuanto a este género y paulatinamente desconcertante, El Legado del Diablo se agrupa con una nueva ola de cine que expresa el horror en términos propios, desobedeciendo la regla de hacer saltar al espectador de la butaca, igual a cintas como Get out, It comes at night o A Ghost Story. Con esto no intento decir que no cumplirá la expectativa de generar miedo, sino que, antes de ir directo a nuestro sistema nervioso, nos hará pensar, deducir, atar cabos, elaborar teorías y, sobre todo, empatizar con la protagonista.

Quien esté al tanto de los halagos que está recibiendo esta cinta notará que mis palabras contradicen al boca en boca que la refiere como “la más terrorífica de los últimos tiempos” o incluso a su campaña de marketing, que circuló en redes sociales una infografía de cómo el pulso cardiaco de la audiencia va alterándose conforme avanza la película. Siendo yo el más cobarde para ver cine de terror, puedo decir que fui capaz de ver el noventa por ciento de El Legado del Diablo sin apartar la mirada de la pantalla. Si alguien entiende esto como comentario negativo de mi parte, aclaro: tengo la misma admiración que muchos por esta película, pero por razones diferentes. La última media hora tiene reservada la dosis de sustos y brincos de butaca que todos esperan. Antes de eso, el diablo está en los detalles.

El primer acto es un auténtico drama familiar. La muerte de la madre no es solo detonante para que el infierno se instale en casa de Annie. Por el contrario, nos adentraremos en las manifestaciones del luto, la relación de ella con esposo e hijos y su voluntad por hacer las paces con la memoria de la matriarca. A la par de estar actuadas con el mérito de una nominación al Oscar y abordar con suficiente sensibilidad temas como la salud mental o los efectos de un trauma familiar, estas escenas contienen claves; algunas no significan nada en particular, otras explican el desenlace inesperado. Mientras la endemoniada última media hora llega, Ari Aster suministra el horror a cuentagotas. Si esto es la cinta más terrorífica que hemos visto, entonces la definición de terror ha cambiado. Y me da gusto.

twitter.com/amaxnopoder

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