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Bambi vs. Godzilla

"Destrucción": el "thriller" que debió ser drama

Maximiliano Torres

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Los estándares del cine continúan adaptándose a nuestros cambios de mentalidad como sociedad. Haciendo caso a la conversación sobre paridad de género en pantalla, esto es: lograr una participación equilibrada de mujeres y hombres en roles protagónicos de películas, Hollywood hizo su examen de conciencia y nos dio durante 2018: Ocean’s 8; la versión femenina de Ocean’s 11; Bumblebee, spin off de Transformers, en el que la amistad incondicional de autobot es una chica; Halloween, la secuela contada desde el punto de vista de la víctima del asesino serial; y Aniquilación, una expedición a territorio alienígena comandada por la actriz que más se encargó de recordarnos que los nominados a premios son todos hombres: Natalie Portman.

Destrucción, la nueva cinta de Karyn Kusama, tiene en común con los ejemplos citados el colocar a una mujer en un arquetipo ancestralmente definido por hombres. Luego redobla la apuesta haciendo algo verdaderamente progresista: permitir a la protagonista tener los mismos defectos que tendría un protagonista masculino sin tratar de justificarla o mostrarla empática.

En una de sus transformaciones físicas más radicales, Nicole Kidman interpreta a Erin Bell, una detective del Departamento de Policía de Los Ángeles, demacrada tanto por el paso de los años como por una culpa secreta. Hace diecisiete años se infiltró en una banda de asaltabancos a la que no pudo capturar. Cuando los ladrones vuelven a dar señales de vida, Erin retoma el caso. Mientras la seguimos, rastreando a los antiguos miembros de la banda, el guión intercala flashbacks a la época en que se hizo pasar por una de ellos, desentrañando cómo fue responsable de que el operativo acabara en tragedia.

Como estudio de personaje, Destrucción tiene más posibilidades de disfrutarse. Siempre en busca de directores que la hagan explorar su rango interpretativo, Nicole Kidman trabaja junto con Karyn Kusama un papel que enriquece a la nueva ola de mujeres en la ficción. Por ahora, el entendido entre cineastas y audiencia es que los roles femeninos fuertes equivalen a liderazgo, excepcionalidad, integridad. La Erin, de Kidman, es la antítesis de la superioridad moral de la que están hechas las virtuosas heroínas del cine consciente. Su ambigüedad es tan bienvenida en la historia que es como si con solo saber que Erin tomó malas decisiones en su oscuro pasado, Destrucción, automáticamente, se volviera una película más interesante. El mérito está en ese aspecto del guión y en la actuación de Kidman, que es mucho mejor en los flashbacks que en su fase avejentada. La fuerza del filme está en ver a Erin en el purgatorio, intentando salvar la relación con su hija adolescente, enmendando errores personales. Pero Kusama piensa lo contrario; insiste en hacer de esto un thriller detectivesco. Para ese efecto fragmenta la narrativa (algo que no extrañábamos desde que Guillermo Arriaga pasó de moda), complica la trama y fabrica una intriga que a nadie desconcertará y bien pudo ahorrarse para dejar el camino libre a Kidman en su desarrollo de personaje. Debido a este enfoque, el avance feminista de Kusama al filmar a una mujer compleja, queda como valor agregado dentro de una película que en la suma de todos sus componentes es una obra menor.


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