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Martes , 20.11.2018 / 13:51 Hoy

Bambi vs. Godzilla

Cómo enamorar a una chica punk

Maximiliano Torres

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Como fuerzas creativas, el punk está muerto y el cine no está en su mejor momento. En todo caso, John Cameron Mitchell se propone inyectarles nueva vida en “Cómo enamorar a una chica punk”.

En los suburbios de Inglaterra de los años setenta, un adolescente llamado Enn y sus dos mejores amigos, Vic y John, dedican su vida a hacer fanzines e intentar formar su banda de punk. Una noche se cuelan en lo que parece una fiesta en una casa y conocen a tres chicas. En realidad, la fiesta es una colonia alienígena que está en la Tierra para cumplir con un extraño ritual. Descubrir esto no impedirá a Enn enamorarse perdidamente de Zan (Elle Fanning), una miembro clave de la colonia. Su romance pondrá en marcha una serie de eventos que llevará a la confrontación entre la escena punk de Inglaterra y los extraterrestres.

Quienes hayan disfrutado las adaptaciones de obras del venerado Neil Gaiman (Stardust, Coraline, American Gods, Lucifer) deben estar prevenidos: ésta es la menos condescendiente y la más congruente de todas. Exponente digno de la contracultura, el director de Hedwig and The Angry Inch y Shortbus ha declarado en entrevistas que su definición favorita del punk es “destruir lo que no es útil para que algo útil crezca en su lugar”. Cameron Mitchell aplica esta máxima al pasmado género Adulto Joven, sacudiéndole el romanticismo con el uso disruptivo de la música, el color y la sexualidad. Aunque el efecto es mixto, la audacia se agradece.

El planteamiento de la comuna alien a la que los protagonistas, por su extravagancia, confunden en automático con una fiesta de norteamericanos es de un encanto que vende la historia de inmediato, al igual que el hecho de que los extraterrestres se lleven la idea de que los punks representan a la esencia de la humanidad.

Lo que inicia como identificable comedia de enredo va distorsionándose, a la usanza de su director, en psicodelia, performance teatral, alucinaciones y deformidades corporales, invitándonos a pensar en esta cinta como una experiencia más sensorial que narrativa. En el reparto coinciden por segunda vez (la anterior fue en El Seductor, de Sofia Coppola) Nicole Kidman y Elle Fanning, ambas favoritas del cine autoral. Como la extraterrestre que conoce por primera vez a los humanos, Fanning navega con seguridad su rol protagónico, en tanto que Kidman es un deleite en su híbrido haute couture de Siouxsie Sioux y Cruella de Vil. La fotografía de Frank G. DeMarco, el vestuario de Sandy Powell y la música de Michael Hill crean lo que podríamos llamar la tercera protagonista de esta película: su estética, que lleva a un siguiente nivel el look futurista que el cine de los 70 asignaba a los visitantes de otro planeta.

Punk al rehusarse a contar su película en los términos de la ficción convencional, punk al producirla con recursos mínimos, punk al no pasteurizar la obra original en busca de mayor audiencia, John Cameron Mitchell ejemplifica cómo traducir el arte de un autor al idioma de otro autor.

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