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Martes , 11.12.2018 / 06:00 Hoy

Bambi vs. Godzilla

"Baby: el aprendiz del crimen", la mejor de Edgar Wright

Maximiliano Torres

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Saquen sus listas de mejores películas que tengan que ver con persecuciones de autos, asaltos a bancos y soundtracks memorables porque Edgar Wright viene a colocarse al tope de ellas con su más reciente e irresistible comedia de acción, Baby: el aprendiz del crimen que, dicho sea de paso, tiene uno de los títulos en español más ridículos y encantadores que he visto.

El hype es enorme y 100% real en torno a la más reciente película de uno de los directores consentidos en la cultura pop. Con elementos de acción, comedia y cine musical, la sexta entrega de Wright nos presenta a Baby (Ansel Elgort), un chofer contratado para pisar el acelerador en autos utilizados para escapar de asaltos. El único requisito para que este prodigio de la fuga sobre ruedas huya exitosamente de la escena del delito es contar con la música adecuada en sus audífonos. Después de lo que sería su último asalto, Baby tiene planes con Debora (Lilly James), una mesera que acaba de conocer. Pero su temible empleador (Kevin Spacey) lo llama para un encargo más. Y la ley del cine de asaltos dicta que las cosas no pueden salir bien.

La historia explica con un simpático chiste por qué el protagonista se llama Baby. En otro sentido, esta cinta es “el bebé” de Edgar Wright: un proyecto que le tomó veinte años concebir, desarrollar y financiar. El tiempo invertido se nota más en el concepto y la ejecución, menos en el guión, en donde además de las extraordinarias secuencias de persecución entre autos, universo y personajes son menos icónicos o memorables de lo que su soundtrack nos hace pensar. En todo caso, Wright sí logra apartar a su bebé de la humilde categoría de película de robos con buen soundtrack volviéndola algo más peculiar e interesante: un cuasi musical en el que no hay canto ni baile sino una suprema selección de canciones de rock, soul y jazz cuyos coros y puentes instrumentales están en exacta sincronía con los movimientos de los personajes y las secuencias de acción, dándonos algo de ese dinamismo y encanto de la comedia musical.

El reparto es de lo más competitivo demandando el reflector. Tenemos a Ansel Elgort, quien no es un combo de virtudes distintas a las de los típicos protagonistas juveniles; Kevin Spacey, quien recibía mejores personajes antes de House of Cards y podría hacer este papel estando dormido pero aún así, es Kevin Spacey. Está John Hamm sacudiéndose el aura de patán sartorial de Don Drapper, y Eiza González quien, es justo decir, recibe y no desaprovecha el mejor papel que una debutante mexicana reciente ha obtenido en Hollwyood: relevante para la trama, sustancioso en parlamentos y con un desenlace a lo grande.

Aunque las referencias y parecidos a otras películas podrían ser nombradas fácilmente, lo que da a El aprendiz del crimen aire de originalidad es su tremendo sentido de diversión.

Por encima de hacernos reír, llorar, sentir nostalgia, homenajear al pasado, alardear su estilo, predicar ideología o demostrarnos cuánto sabe de música y cine, Wright es un director preocupado por hacernos pasar el mejor de los ratos posibles en una sala de cine.

¿Esto lo vuelve frívolo? Para nada. Siendo la primera película que dirige y escribe sin colaboradores, Baby: el aprendiz del crimen nos hace pensar que, a partir de aquí, Edgar Wright solo puede ir hacia arriba.

twitter.com/amaxnopoder

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