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Bambi vs. Godzilla

Ant-Man da un respiro a la catástrofe de "Infinity War"

Maximiliano Torres

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De todos los superhéroes de Marvel, Ant-Man posee una individualidad que cae increíble. Si bien su historia se verá obligatoriamente ligada a la gran trama de Los Vengadores, revelando cómo afectó al microscópico héroe aquel devastador chasquido de dedos de Thanos al final de Infinity War, este apego al conflicto que une a todos los personajes de la franquicia es irrelevante al interior de la acción local y preocupaciones personales que predominan en su propia película.

A diferencia de casi todos los justicieros de Marvel que renunciaron a familia y hogar para atender su llamado a un destino mayor, Ant-Man permanece en casa; su reto, a la par de truncar algún delito menor, es ser buen padre y su campo de batalla son las imprácticas calles de San Francisco. Aunado a esto, los partícipes de esta aventura están absortos en pequeños problemas, son amenazados por fuerzas de dudoso poderío, apenas corren riesgos y tienen poca conciencia del mundo que comparten con dioses, mutantes, superhombres y supervillanos. Al parecer no les llegó el memo sobre Thanos, las gemas, el genocidio, etc. Esto es reconfortante para los que no hemos terminado de procesar el final desconcertante de Avengers: Infinity War. Ant-Man and the Wasp es la terapia que necesitamos: arriesga poco, divierte mucho y nos evita pensar en el futuro del Universo Cinematográfico Marvel.

En la línea del tiempo de Marvel, esta secuela transcurre antes de Infinity War. Durante los eventos de Doctor Strange, Spiderman: Regreso a Casa, Thor: Ragnarok y Black Panther, el carismático Scott Lang (Paul Reed) estuvo en arresto domiciliario. Terminó así por apoyar a Capitán América al oponerse a los Acuerdos de Sokovia en Capitán America: Guerra Civil. Esperando cumplir su sentencia y cumpliendo sus deberes de padre, Lang recibe otra vez la visita de Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) y Hank Pym (Michael Douglas). Padre e hija lo necesitan para enfrentar a una villana conocida como Ghost (Hannah John-Kamen). Ella ha robado la tecnología de Pym para un uso peligroso. Scott tendrá que volver a ponerse el traje de Hombre Hormiga y aprender a pelear junto a Hope, quien ahora tiene razones personales para impedir esta tragedia.

La clave para disfrutar y aprobar esta cinta es tomar su simplismo como antídoto a la densidad de las últimas entregas de UCM, cargadas de tensión, política y conflicto. Dicha densidad –todo hay que decirlo– ha sido ejemplarmente construida a lo largo de una veintena de películas. Lo cual no quiere decir que, de cuando en cuando, un receso cómico como éste es ideal.

Aunque el humor ya es elemento fijo de las producciones de Marvel, Ant-Man fue pionera en incorporarlo. Su balance entre chistes y acción sigue siendo distintivo al grado de diferenciarla como comedia de acción frente a las cintas de acción con toques de humor. Sin importar que hablemos de DC o Marvel, ya es costumbre que los villanos en las cintas de superhéroes sean intercambiables; es el caso de Ghost, una antagonista que titubea en sus planes de destrucción. Lo que no es costumbre es que una de sus dos escenas post-créditos amenace con opacar a la trama entera de la película.

twitter.com/amaxnopoder


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