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Martes , 25.09.2018 / 18:31 Hoy

Comentario y Debate

Honestidad frente a opacidad

Mauricio Valdés

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A pesar que ya hemos tenido meses, y con AMLO años, de campaña, al inicio legal de las campañas presidenciales, como era de esperarse, el tema de la corrupción y la honestidad se ha colocado en el centro del debate.

Uno de los retos principales para el próximo gobierno es cómo acabar con la corrupción que gangrena al gobierno y al país. La percepción ciudadana es que todo es corrupción y lo más grave, su caldo de cultivo: la impunidad.

La sociedad está molesta de tanto escándalo y saqueo, que impulsan el sospechosismo en prácticamente cuanta actividad pública se refiera.

Casi no hay dependencia, sea federal, estatal o municipal, ni funcionario del partido que sea, que no sea señalado por incompetencia o corrupción, ni tampoco por impunidad.

Su forma de vida se critica junto a su falta de compromiso con la honestidad, de conciencia y de vocación de servicio.

Pareciera que el gobierno está convertido en una gran cleptocracia, lleno de ladrones e incompetentes, que tienen hundido al país en la inseguridad, desaparecidos, balaceras y muertos en muchas partes, destacados por las noticias, lo que opaca el funcionamiento regular de la administración pública, donde también hay servidores públicos ejemplares.

La pérdida de confianza en el gobierno se confirma en las críticas de los galardonados del cine y la literatura, en convenciones y congresos de todo tipo, en las conversaciones familiares y de amigos, así como en las encuestas.

Evidencias que alimentan estas circunstancias son, entre otros, los resultados de los informes de la Auditoría Superior de la Federación, mientras ex gobernadores y ex alcaldes, policías y ex policías, son encarcelados o perseguidos, aunque lamentablemente al final, la constante sea la impunidad.

La reacción ha sido la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, la Fiscalía para el combate a la corrupción y el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, al parecer con el respaldo de los partidos políticos, apenas en etapa de arranque. El problema es multifactorial y la solución también.

Por ello resulta relevante que José Antonio Meade proponga un debate sobre el patrimonio de los candidatos presidenciales.

Andrés M. López Obrador, Margarita Zavala de Calderón y Ricardo Anaya deben aceptarlo y además promover un informe patrimonial de todos los candidatos a los puestos de elección popular, así como la publicación de sus declaraciones de impuestos, al menos de los últimos cinco años, que podrían mostrar en algún espacio de la página del Instituto Nacional Electoral.

La honestidad de los candidatos debe ser premisa de la próxima elección, principalmente de quienes discursean contra la corrupción.


@MauricioTexcoco

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