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Martes , 19.06.2018 / 14:09 Hoy

Comentario y Debate

Encuestas, pasado y realidad

Mauricio Valdés

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Apostar al hartazgo y al encono del antipriismo es fácil para ganar popularidad, se manifiesta en las encuestas.

Pero al contrastar con la experiencia, la capacidad para gobernar entre el 2000 y el 2005 en el entonces D.F. eso es otra realidad.

Y más cuando diariamente crece el número de mexicanos que superamos al marketing electoral derrotado por la realidad.

En el D.F. López Obrador no logró resolver ninguno de los problemas crónicos de la Ciudad de México, pero eso sí, la uso de trampolín para buscar la presidencia de la República en el 2006.

Ahí siguen los capitalinos sobreviviendo a la insuficiencia de agua y drenaje, a la inseguridad, al deficiente e insuficiente transporte, a la contaminación, al desempleo -y su correlación con la informalidad-, a la corrupción y a la impunidad.

Herencia maldita que corroe a la administración pública y que nada logró a pesar de obras de relumbrón.

Los problemas, carencias, retos y oportunidades para el próximo gobierno de la República no admiten improvisados, ni engañabobos.

Demandan un Estadista.

Un hombre de Estado que piense y accione a favor de las presentes y futuras generaciones.

Espero con sobrado interés los debates de la campaña. Con tal de que no resulte que López Obrador se enferme y sea su disculpa maquillada para no debatir.

Y ver su capacidad de tolerancia, de propuestas, de presencia más allá de sus anuncios.

Porque en los debates puede verse mejor a los candidatos, principalmente cuando sólo se preparan, como los malos estudiantes, para el examen final.

Está acostumbrado a ofrecer lo que la audiencia quiere escuchar. Tal vez porque el prometer no empobrece. Parte de eso es el debate. Discutir la factibilidad de sus propuestas y ofertas. Como la de cancelar el aeropuerto.

¿Y las inversiones realizadas?

¿quién pagaría las penalizaciones derivadas de los contratos legalmente firmados?

Hasta ahora preguntas sin respuesta.

Está claro que las encuestas destacan popularidad, pero ¿cómo valoramos su gobierno en la Ciudad de México frente a sus promesas de campaña?

Le falta mucha humildad para reconocer su capacidad real.

Y le sobra soberbia y prepotencia que anuncia un autócrata como se ha desempeñado al frente del PRD y luego de su nuevo partido.

Bueno sería que al menos la mitad de lo que promete fuera posible. Pero la realidad es terca y ahí está.

Nos guste o no.

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