• Regístrate
Estás leyendo: Competencia electoral o palenque
Comparte esta noticia

Comentario y Debate

Competencia electoral o palenque

Mauricio Valdés

Publicidad
Publicidad

En la feria de Texcoco hay un concurrido palenque en estos días.

Entre música que alegra al público, sin perder detalle apuestan, según su apreciación, al más fuerte, agresivo, valiente.

En el centro dos gallos salen impetuosos, furiosos, listos para ganar, se pelean con toda violencia. Se atacan con crueldad. Se cortan con las navajas filosas, sangran y siguen pelando hasta ganar o morir.

En estos días de competencia electoral, algunos dirigentes políticos creen que así decidimos el voto. Lo hacen como si fueran parte de los espectadores de un palenque.

La diferencia es enorme, porque en nuestra competencia electoral, no sólo va la vida de un gallo, va el futuro de nuestro país. La dinámica de la competencia es la agresión, hay que pegarle al adversario para acabarlo frente al público.

Su comunicación está orientada a la expresión hiriente, la ironía, la palabra demoledora, acicalada por los comentaristas de TV, de los memes, de radio y de los medios impresos. Al final de la competencia, pierden la elección, porque no todos los electores deciden como si estuviera frente a una pelea de gallos.

La expresión de enojo y ataque de un candidato provoca similares reacciones en muchos electores. Los simpatizantes del atacante se motivan, engallan y generan encono en sus adversarios.

La reacción no se hace esperar por los seguidores del atacado, al sentir el ataque, lo personalizan y cierran filas para defenderse, radicalizan su defensa.

El resto del electorado mayoritariamente no siente nada, o casi nada. Otros sienten enojo por la agresividad hacia un candidato y lo victimizan. Desprecian al agresor y compadecen al atacado.

Nadie votará en su sano juicio a un político cuya imagen, presencia, recuerdo, despierta nuestra molestia y enojo. Más allá de que tenga razón o no, lo relevante es que genera emociones desagradables que se ganó a pulso.

Eso le ha pasado a Andrés Manuel López Obrador quien trazó su camino y su personalidad en el ataque permanente y contumaz desde que decidió hacer la oposición.

Olvidó que la oposición también gobierna, oponiéndose, pero sabiendo comunicarla. Ha tenido su tiempo de notoriedad. Ya no le sirve para aumentar su potencial electoral y con su actitud ha logrado que el público se defina: unos a favor y otros absolutamente en contra.

Porque los ciudadanos sabemos que la competencia electoral no es una pelea de gallos, son tantos nuestros problemas que la espera es para la solución favorable de los problemas nacionales, estatales, municipales, familiares y personales.

El tema del aeropuerto es simbólico de su actitud.


TWITTER: @MauricioTexcoco

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.