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Viernes , 19.10.2018 / 17:38 Hoy

Columna de Mauricio Farah Gebara

Trump, el muro, el ejército y la frontera

Mauricio Farah Gebara

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Que el presidente de Estados Unidos diga que va a enviar al ejército a su frontera con México haría suponer que ambos países se encuentran en una situación extrema.

No existe tal tensión. Tampoco urgencia o gravedad.

Se trata de Donald Trump: cada vez que quiere renovar sus bonos frente a su base electoral, alude al muro, y ahora que sabe que su eventual construcción está lejana dice que, mientras, “vamos a vigilar nuestra frontera con nuestras fuerzas armadas”. Fanático de lo espectacular, agrega en el vacío, sin sustancia: “Es un gran paso”.

Ciertamente, la inconsistencia de Trump disminuye la carga explosiva de su declaración, pero no la despoja de su intención amenazante. En todo caso, la mención del desplazamiento de tropas a la frontera es agravio para un país amigo y socio.

Ya antes George W. Bush y Barack Obama enviaron contingentes de la Guardia Nacional a diversos puntos de la frontera, en ambos casos para proporcionar capacitación y apoyos logísticos, no para perseguir o detener a migrantes (en 2006, de lleno en esos temas, recuerdo haber atestiguado el tedio con el que sobrellevaban su misión elementos de esa corporación).

La Casa Blanca ya ha precisado que, en efecto, se trataría de enviar a la Guardia Nacional, pero el énfasis de Trump está en el tono bélico, para calar en el ánimo nacionalista: defendamos al país, evitemos la invasión, rechacemos al enemigo. Ese es el trasfondo.

Fanático de las hamburguesas, según se cuenta, el combo de Trump incluye: amenazar, otra vez, con terminar el TLC; proclamar la construcción del muro y la muerte de DACA; criminalizar la migración y mezclarla con terrorismo, drogas y crimen; conocer los perfiles en redes de los solicitantes de visados; endurecer las leyes de petición de asilo; facilitar la expulsión de migrantes menores de edad; retener más tiempo a los migrantes arrestados en la frontera, y presionar a los jueces migratorios para acelerar los procesos de deportación.

En mayor o menor medida, estos temas han estado presentes en la permanente campaña de Trump. Son sus favoritos. Son rounds de sombra en los que se ve a sí mismo, invencible frente al espejo. Sus seguidores despiertan y vitorean. Desde hace dos años su popularidad vive de un muro al que no ha podido agregar ni una milla. Por ahora no es una promesa de candidato, sino una quimera de gobernante.

El más reciente disparador de esta andanada antiinmigrantes es la caravana llamada Viacrucis del Migrante.

Como en un mal guion cinematográfico, el presidente de Estados Unidos se despierta y empieza el día como más le gusta, viendo televisión. Entonces se entera, por Fox & Friends, informativo de su preferencia, que “una caravana de inmigrantes ilegales se dirige a Estados Unidos”.

Son más de mil 200, dice el reportero, mientras en la pantalla aparecen imágenes de centroamericanos en México. El presidente se sobresalta.

La noticia lo escandaliza como si se tratara de una invasión y va a su despacho, es decir, a su celular, para reunirse consigo mismo y disparar ráfagas de tuits.

No sabe que desde hace más de 10 años hay caravanas de migrantes centroamericanos que recorren diversos estados de nuestro país para sensibilizar a los mexicanos acerca del amargo tránsito que viven en nuestro territorio.

Una de las primeras caravanas que me tocó conocer fue la de las Madres de Centroamericanos Desparecidos en México. Cambia el nombre de la caravana según su principal denuncia o demanda.

Desde luego, en esos casos los sucesivos gobiernos mexicanos han optado por acompañar esas manifestaciones pacíficas y por dar protección básica a sus integrantes. De ninguna forma se trata de “alentar la migración” o de “no aplicar la ley”.

En este episodio el canciller Luis Videgaray ha actuado con acierto. Primero aclarando el papel del gobierno como garante respecto de la caravana Viacrucis del Migrante en su carácter de movimiento social, y luego solicitando precisión al gobierno estadunidense sobre el uso del ejército en la frontera.

Al margen de los cambios de humor y las conductas erráticas de Trump, a este gobierno mexicano y al siguiente corresponde asegurarse de que tanto nuestros migrantes como los de otros países encuentren en nuestro país comprensión, solidaridad y respeto a sus derechos humanos, en el marco de una política migratoria propia y no impuesta desde el exterior.

*Especialista en derechos humanos y secretario general de la Cámara de Diputados.
Twitter: @mfarahg

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