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Viernes , 21.09.2018 / 11:47 Hoy

Columna de Mauricio Farah Gebara

Hacia la igualdad de género: un 8 de marzo histórico

Mauricio Farah Gebara

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El Día Internacional de la Mujer de 2018 puede ser histórico, como lo han sido muchos momentos en la larga lucha de las mujeres por la igualdad y el reconocimiento de sus derechos.

Tiene que ser muy fuerte la unión de las mujeres, y mucho el respaldo y la constancia de los hombres dispuestos a sumarnos, pues la reivindicación de los derechos de las mujeres implica enfrentar una amplia gama de abusos y delitos en todos los órdenes, regiones, culturas y estratos socioeconómicos: los feminicidios, las agresiones sexuales, el acoso, el insulto, la humillación, la exclusión, la marginación, la inequidad laboral y la violencia verbal, psicológica y económica, entre otras expresiones de misoginia, desigualdad y discriminación.

Es tan poderosa la ola de reivindicación que hoy se manifiesta, que en este año la conmemoración deber ser más que una escala inercial del calendario. Preceden a este 8 de marzo movimientos significativos que son y deberán ser mucho más que emblemáticos episodios.

Ojalá que este día sea distinto y también determinante, como esos singulares hitos que de cuando en cuando irrumpen en la historia para impulsar grandes transformaciones sociales.

Quizá porque la violencia en contra de las mujeres ha aumentado dramáticamente o quizá porque el insulto, el acoso o el crimen rompieron sin quererlo todos los silencios, lo cierto es que cada vez son más las mujeres que alzan la voz para denunciar o para compartir sus testimonios.

Y más las que se organizan, marchan, demandan, exigen.

Acaso también incide la puntillosa paradoja de que, como símbolo de un tiempo desatinado, el actual presidente de Estados Unidos haya sido elegido después de haber hecho gala de su misoginia y su desprecio, pero el móvil de fondo puede ser que las mujeres, luego de grandes avances en el reconocimiento de sus derechos civiles, laborales y políticos, han decidido que ahora es necesario defender sus derechos más básicos, como el de ser respetadas en su integridad física y psicológica y en su libertad.

Quizá por todo ello, y por otras muchas razones, este 8 de marzo apunta a ser distinto. Mientras otras conmemoraciones, sin demeritar a ninguna, significaron pequeños avances, esta se perfila como un gran tranco.

La determinación de las mujeres está a la vista y en la agenda pública y mundial, en las redes sociales, en movilizaciones y argumentos incontestables.

Una convocatoria gigantesca llama a una jornada de reivindicación global: en 170 países hoy habrá ausencias simbólicas y paros parciales en centros de trabajo para exigir igualdad real de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres.

Muchas y diversas son las demandas: no más acoso, violencia ni feminicidios; no más desigualdad laboral ni social; no más insultos ni agresiones intrafamiliares ni en las calles. Con razón, se ha transitado cada vez más del No al Sí: sí a la vida y a la igualdad: sí al derecho a una vida sin violencia; sí a los derechos de las mujeres; sí a la libertad, a la dignidad y a la justicia.

Sólo la mayor aspiración de igualdad y respeto puede guiar y lograr la transformación de un mundo y de una historia plagada de marginación, discriminación y abuso en contra de las mujeres.

Ante la creciente ola de violencia de género en decenas de países, este es el momento de poner un freno y revertir la tendencia para visibilizar las agresiones y erradicarlas. Y para ir no ya en pos del reconocimiento sino del efectivo ejercicio de los derechos humanos.

Sólo en México y sólo en 2017 se denunciaron más de 32 mil delitos sexuales, dato que sabemos inferior a las cifras reales. De acuerdo con el INEGI, únicamente cinco de cada 100 delitos sexuales se denuncian.

Y este sólo es un dato entre los muchos indicadores que en México y en el mundo representan llamadas de atención imposibles de ignorar.

Sin desconocer la magnitud y complejidad del desafío, este es el momento para generar un punto de inflexión y de avance sostenido hacia una sociedad humana, libre de distingos de género.

Se trata de una causa toral de la sociedad mundial, en la que no caben la neutralidad ni la apatía. Se trata, nada menos, y después de miles de años de historia, de poner por fin a toda la humanidad en un plano de igualdad.

*Especialista en derechos humanos y secretario general de la Cámara de Diputados
@mfarahg

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