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Viernes , 21.09.2018 / 08:05 Hoy

Columna de Mauricio Farah Gebara

Frente a la violencia, fortaleza institucional

Mauricio Farah Gebara

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El movimiento de la CNTE sigue en su contradictoria ambivalencia: por una parte, se sienta a dialogar con el gobierno y, por otra, continúa desplegando una sistemática agresión a los derechos de terceros al bloquear carreteras y aeropuertos, vandalizar inmuebles, afectar las economías locales y dificultar el abasto de alimentos y medicinas a los lugares que más lo necesitan.

Preocupa, especialmente, que la protesta del movimiento magisterial insista en revestirse de violencia.

Ninguna inconformidad debe expresarse en actos como los que hemos atestiguado: maestros o grupos que se presentan como solidarios con el movimiento de la CNTE han vejado a docentes y a policías, los han humillado y exhibido como rehenes, tal vez suponiendo que sus razones dan legitimidad a la violencia.

Pero no hay vínculo que pueda justificarse entre los motivos de diferendo y la agresión desafiante que lastima al propio movimiento, a trabajadores, a la armonía social y al estado de derecho.

Una protesta que confunde sus demandas o fines con el derecho a transgredir los derechos de terceros y que convierte su lucha en el abuso de los muchos en contra de los pocos puede dañarse a sí misma o, en otro extremo, erosionar la paz pública y la convivencia.

Apenas hace dos días, integrantes de la CNTE sumaron a su ya largo historial de vejaciones la que propinaron a tres supervisores del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca solo porque estaban trabajando.

Hay que estar alertas. Las lecciones de la historia revelan que cuando se permite que unos abusen de otros sistemáticamente, cubiertos por el anonimato o la impunidad que propicia el grupo grande o la concentración masiva, la violencia termina alcanzando a los indiferentes, a los que pensaron que la agresión al otro no era asunto ni causa suya.

Cuando los grupos violentos del magisterio o sus afines someten, golpean, humillan o retienen a un policía, además de abusar de un ser humano y cometer un delito están socavando la vida institucional, pues si una persona o un grupo pueden agredir impunemente a un agente del Estado no hay duda de que los siguientes golpeados y humillados seremos nosotros, cualquiera y todos a la vez, en tanto que también resulta sometido el que presencia la vejación y guarda silencio.

Una forma de defender los derechos propios es defender los ajenos, lo que hay que hacer a tiempo y con firmeza.

La vía institucional es un camino, como lo demuestra el hecho de que a pesar de episodios de tensión, se ha logrado establecer y mantener un diálogo encabezado por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, diálogo que apenas hace unas semanas parecía imposible. Aun cuando habrá que esperar para constatar la generación de acuerdos, hay en este acercamiento una manifestación de institucionalidad eficaz.

La hay también en la capacidad de las instituciones para evitar una crisis en el abasto de medicinas y alimentos a las regiones afectadas por los bloqueos carreteros en Oaxaca.

Sin lastimar la posibilidad del diálogo que en esos días pugnaba por concretarse, las secretarías de Desarrollo Social y de la Defensa Nacional consiguieron tender un puente aéreo que hizo posible el suministro de satisfactores básicos a poblaciones y comunidades en condiciones de pobreza.

José Antonio Meade, titular de la Sedesol, y el de la Sedena, general Salvador Cienfuegos, así como sus colaboradores, operaron discreta y eficientemente para lograrlo sin contaminar el conflicto y circunscribiendo su actuación a la esfera de la acción humanitaria.

Este puente aéreo y el diálogo, que en realidad es otro tipo de puente, confirman que en México el orden institucional es capaz de sortear dificultades complejas, lo que se asume como normal, como debe ser, pero que en otros países similares al nuestro no ha podido encontrar cauce en situaciones parecidas.

Un camino es, pues, la vía institucional, que requiere el compromiso de todas las partes, por lo que es inadmisible que al mismo tiempo que la CNTE exige y acepta el diálogo siga cometiendo atrocidades en contra de la población en general y específicamente contra otros trabajadores de la educación y policías.

El otro camino es la conciencia, la voz y la participación ciudadana generalizada, aquella que es capaz de defender a las víctimas de cualquier tipo de agresión y de señalar oportunamente que cuando se violentan los derechos de unos en realidad se están amenazando los derechos de todos.

*Secretario general de la Cámara de Diputados.
Correo electrónico: @mfarahg

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