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Domingo , 27.05.2018 / 09:47 Hoy

Columna de Mauricio Farah Gebara

Freno a la violencia de normalistas michoacanos

Mauricio Farah Gebara

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El recurso de la violencia como vía para la obtención de privilegios está tomando fuerza y hay que ponerle un alto.

Relatan conductores que circulaban por carreteras de Michoacán que hombres encapuchados los detuvieron, los amenazaron y los despojaron de sus vehículos, a los cuales luego les prendieron fuego.

Con los tres vehículos incendiados ayer, ya suman 14 los destruidos por normalistas de Michoacán en seis días. Y ya son 170 los automotores retenidos por ellos desde junio.

Se trata de delitos cometidos contra ciudadanos ajenos a las demandas de la llamada Organización de Normales del Estado de Michoacán.

Por cierto, tales demandas consisten en exigir la entrega de mil 200 plazas automáticas, es decir, que se asignen a egresados de las normales michoacanas sin examen alguno, simplemente porque así es. En 2012 pidieron 400 plazas y ahora la exigencia se triplica.

Es como si estudiantes de medicina bloquearan carreteras, robaran autos y los incendiaran para pedir que se les asignen directamente plazas en el Seguro Social. Nos alarmaría que quienes quieren atender la salud desde los servicios públicos evadieran poner a prueba sus conocimientos y delinquieran para lograr los puestos de manera automática.

En el ámbito de la educación es igualmente grave. ¿Cómo poner la formación de la niñez en manos de quienes lo que buscan es obtener plazas sin demostrar sus capacidades y conocimientos?

La demanda es inaceptable y más aún lo son los métodos para exigir sus cumplimento.

Por ello la respuesta del gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, en el sentido de que su gobierno no negociará con grupos que alteren el orden y que violenten la convivencia, debe ser respaldada.

Debido a que el pasado lunes 39 normalistas que bloqueaban puntos carreteros fueron detenidos por la policía estatal, cientos de sus compañeros se proponen interrumpir el tránsito, secuestrar más vehículos e incendiarlos hasta que los detenidos sean liberados.

La lógica es extraña e inadmisible: cometen delitos para exigir plazas y luego cometen más para exigir la libertad de sus compañeros, detenidos justamente por cometer delitos. Es algo más que un cacofónico juego de palabras, es la lógica de la violencia y la sinrazón. Todo revestido de lucha social.

La detención de los 37 normalistas prueba que puede realizarse una operación policial efectiva, sin saldos trágicos y con oportunidad.

Pero para seguir actuando así, la policía michoacana requiere respaldo, el cual Silvano Aureoles está dispuesto a dar. “No habrá tregua para los delincuentes y no habrá tregua para quienes actúen como delincuentes”, dijo el gobernador.

Enhorabuena por la determinación de no negociar con quienes recurren a la violencia contra la sociedad con la intención de presionar al gobierno para que les entregue cuanto piden.

Si se cede una vez, es probable que se tenga que seguir cediendo. Así como es plausible modificar una decisión ante la exposición de argumentos convincentes, es inaceptable ceder ante la violencia sistemática que, presentada como causa social, destruye bienes particulares y públicos, amenaza la convivencia e impone la percepción de que la razón no importa si puede conseguirse todo con la agresión.

En Michoacán, como en todo el país, debe prevalecer el derecho, la paz, la justicia y el respeto a los derechos humanos.

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