Cultura

Alaíde Foppa y el colibrí

Alaíde Foppa. Viento de primavera. Antología poética (1945-1979)
Alaíde Foppa. Viento de primavera. Antología poética (1945-1979)

Josefina Vicens comparte una remembranza de Alaíde Foppa, a quien conoció en la casa de Alfonso Caso, durante una reunión. En aquella ocasión Foppa y Dominique Eluard se acercaron a Vicens para ver si les autorizaba traducir al francés El libro vacío. Y de ahí, cuenta la escritora, comenzó una entrañable amistad. Ella apreciaba ir a comer a casa de Foppa, porque con sus hijos, unos “jóvenes muy politizados”, se hacían grandes discusiones de todo tipo de temas. “Alaíde era tan delicada, tan inteligente, una maravillosa, espléndida mujer. Cuando se fue a Guatemala la última vez, recuerdo que me habló ese día por teléfono y me dijo: ‘Voy a Guatemala a ver a mi madre. A mi regreso comemos juntas, ya te cuento’. Y un día nos informaron que Alaíde estaba desaparecida”.

Esto lo describe Vicens en Josefina Vicens: la inminencia de la primera palabra, de Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo. (Ediciones Sin Nombre. México, 2009) La desaparición de la poeta tomó a todos por sorpresa. Ocurrió el 19 de diciembre de 1980, año fatídico para la familia. Alaíde ya había perdido al menor de sus hijos, Juan Pablo Solórzano, durante un enfrentamiento con el ejército, en Guatemala. Dos de sus hijos seguían involucrados en la guerra que se libraba en su natal Guatemala. (Después de la muerte de su hijo, tuvo lugar el deceso de Alfonso Solórzano, su esposo, quien fue atropellado en Insurgentes, frente al extinto cine Las Américas, en la Ciudad de México).

Pocas personas sabían que Alaíde Foppa iba a viajar a Guatemala, y algunas de ellas eran Marta Lamas y Josefina Vicens. Había dicho que participaría en un congreso feminista que se iba a celebrar en Costa Rica. “En realidad el ejército guatemalteco no la agarra por ser madre de los guerrilleros Juan Pablo, Mario y Silvia, sino por ella misma. […] Se da cuenta que puede hacer mucho escándalo con las conexiones que tiene en Francia, en Italia, en Bélgica y en España, y que puede ser un elemento importantísimo para la causa de la guerrilla”, comenta Marta Lamas en el prólogo de Elena Poniatowska incluido en Viento de primavera.

La escritora y activista hablaba cinco idiomas, recibía correspondencia de sus hijos, estaba atenta si podía ayudarlos en su lucha. Porque ella, así se los confesó a sus familiares y amigos cercanos, ya había perdido mucho con la muerte de Juan Pablo, y si tenía que arriesgar su vida por el movimiento, lo haría.

Los frentes de lucha en la vida de Alaíde eran varios: como profesionista en la academia, su compromiso como madre en favor de cada paso que dieran sus hijos, su pasión por el arte al dedicarse a escribir crítica, su activismo en favor de las mujeres y desde la revista fem y, como poeta, porque a través de la palabra hablaba de ella misma y de otras mujeres que se identificaban con ella.

El poemario que ahora puso a circular el Fondo de Cultura Económica, con prólogo de Elena Poniatowska, es una manera de acercarse al universo sensorial de la poeta. Es un recorrido por etapas de juventud, madurez, maternidad, y una reverberación constante con la naturaleza; así lo dan cuenta el “Elogio de las flores” y el “Elogio de las frutas”. Y, quizá la parte más conmovedora, es cuando habla del cuerpo femenino. Sus versos, acaso, sirven para que las mujeres que han sido despreciadas, discriminadas, aprendan a amarse, se empoderen, y acaso puedan ver disminuidas esas críticas que antes laceraban.

Si María Luisa Bombal se convierte en la primera mujer latinoamericana en abordar el tema de la sexualidad femenina en el siglo XX, Foppa es también una de las poetas pioneras en compartir lazos eternos, dolor, amor y el lenguaje del cuerpo. “Morir como un árbol herido/ por el rayo/ en la última llama/ del amor escondido”.

Escribe Elena Poniatowska: “Alaíde es el símbolo de la lucha de las mujeres latinoamericanas por la libertad, contra la infamia de la desaparición, apenas un pequeño colibrí, un pájaro del amor, que las mujeres quichés bordan en su huipil en señal de duelo cuando sus hombres no vuelven de la guerra”.

Como dice Julio Solórzano, hijo de Alaíde Foppa, “la poesía de mi madre no es la obra feminista de una poeta, es una feminista que escribe poesía con varios temas”. Poniatowska recuerda que en 1980 también murieron Erich Fromm, Jean Paul Sartre, Roland Barthes,Romain Gary y otros hombres célebres. Pero nada se dijo de Alaíde Foppa, era como si la tierra se la hubiera tragado y ninguno de sus familiares supo dónde quedaron sus restos.

Elena refiere, a través de Marta Lamas, que ese 19 de diciembre, la escritora recibió la llamada de su hijo Mario para advertirle que su vida corría peligro y que debía irse directamente a la embajada de México en Guatemala. Ella dijo que así lo haría, pero antes pasó al mercado a comprarles recuerditos y artesanías a sus amigos de México. Ese fue el último momento que conocieron el paradero de Foppa. Se sabe que un comando, por órdenes del dictador Fernando Romeo Lucas García, la secuestró, la torturó y ella falleció al tercer día debido a un ataque al corazón. “Cinco hijos tengo cinco/ como los dedos de mi mano,/como mis cinco sentidos,/ como las cinco llagas./ Son míos/ y no son míos:/ cada día/ son más ellos,/ y ellos,/menos míos.”

Cuántas mujeres podrían bordar un colibrí para recordar que una de ellas no volvió de la guerra.

¡Feliz 2023, que haya buenos libros, paz y mucha salud!

Mary Carmen Sánchez Ambriz

@AmbrizEmece

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Mary Carmen Ambriz
  • Mary Carmen Ambriz
  • mcambriz@hotmail.com
  • Ensayista, crítica literaria y docente. Fue editora de la sección Cultura en la revista Cambio.
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