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Apuntes incómodos

Mezquindad y política exterior

Maruan Soto Antaki

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La relación del gobierno mexicano con muchas de las realidades y perspectivas en el continente recuerda la mezquindad que no debía repetirse después de la barbarie colectiva que sumergió a Europa el siglo pasado y permanece en Medio Oriente en lo que llevamos del XXI. Vi esa mezquindad tras perder todo lo que muchos tuvimos en Siria mientras múltiples voces decían que la masacre era un asunto interno, tan parecida al silencio mexicano sobre la dictadura de hoy en Nicaragua. Tan similar a la negativa de nuestro gobierno a firmar la declaración del Grupo de Lima, con la que sus miembros desconocen el gobierno de Maduro si asume un nuevo mandato en Venezuela.

El sufrimiento y la destrucción de sociedades puede ser menor cuando la indiferencia no se impone por encima de la solidaridad a quien la necesita.

¿Cuántas vidas se pueden salvar si se entiende que al hablar del sufrimiento y el temor de las personas, el problema no es exclusivo del país de esas personas, sino de todos? Si temprano, antes que tarde, se extienden los pronunciamientos de gobiernos que repudian las acciones de otros gobiernos cuando estos violentan o asesinan.

De nuevo hay que explicar que los pueblos son humanos y no pasaportes.

Existen jerarquías en la violencia y las desgracias son únicas. Si la acumulación de tragedias obliga a aprendizajes compartidos, qué poco ha aprendido este país al escudarse en un falso respeto cargado de indolencia frente Cuba, Venezuela y Nicaragua. ¿Qué corta y vergonzosa será nuestra mirada ante lo que parece avecinarse en Brasil?

Cada caso tiene sus matices, pero habrá que ser un miserable o muy obtuso para negar la falta de libertades en naciones donde gobiernos autocráticos las limitan hasta la anulación. Para regatear el hambre y la angustia de miles en éxodo. Para ignorar el asesinato, asalto y reclusión contra quienes sufren la existencia de una dictadura.

¿Qué, sino mezquino, es el estribillo de la administración que despacha en Palacio Nacional y reza no meterse con asuntos de otros países, mientras ve la desesperación sangrando en Managua? Un coro anuncia recurrente que aquí tenemos nuestros propios problemas. Todos tienen sus problemas, pero solo una vocación excluyente impide pensar a la vez en dos asuntos que reclaman responsabilidad.

Quien crea que exigirle al gobierno mexicano adoptar una postura decente ante la realidad de otros países es pedirle resolverla, entiende nada de solidaridad y mucho de la naturaleza mezquina.

Aquella vocación celosa de los problemas propios, como si al reconocer las tragedias externas lo de afuera y lo de adentro compitieran entre sí, es el caldo de cultivo desde el que el gobierno mexicano alimenta la retórica de una doctrina exigua que ve tolerable lo que la historia nos mostró inadmisible.

Es claro que hay asuntos de cada nación, pero en esos terrenos no entran las violaciones a derechos humanos, a libertades, a las garantías básicas. En política exterior, México se equivoca al afirmar que no está tomando postura. Nuestro silencio es postura que admite. Vi esto con Siria, decía. Cada que alguien se calló ante la barbaridad vecina, incluso sin quererlo, se sumó a esa barbaridad. Ahora nos sumamos nosotros.

@_Maruan



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