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Apuntes incómodos

La frivolidad del secretario

Maruan Soto Antaki

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¿Qué razón en la historia ha logrado combatir la sinrazón? Se volteó la cara a las recomendaciones internacionales, a los reclamos locales. A las víctimas de la violencia. Dijeron que escuchaban para después ignorar o hacer todo lo contrario. Unos callaron en el silencio de los compañeros de viaje, otros defendieron lo indefendible con el vigor del histórico idiota útil. Un Estado fracasa cuando deposita sus futuros en la permanencia de un estado de excepción, naturaleza de la Guardia Nacional que se le promete a México.

El gobierno mexicano se emborrachó de autoridad moral hasta hacerla nada. Arropados en ella para todo, ésta dejó de significar alguna cosa. Creyeron que el repudio a los gobiernos previos era solo a las personas y no también a lo que hicieron esas personas. Quieren convertir el insulto en boca del otro en cumplido de voz propia, como si tirarse al precipicio de antes ahora permitiera escalar montañas.

Muchos hemos hablado sobre los riesgos de entregar la seguridad interna a fuerzas militares, pero faltaba que se nos respondiera despreciando la inteligencia de un país entero. Usando la autoridad moral como único insumo para sus fundamentos, el gobierno de México ha vuelto a negar la realidad. A las horas de aprobarse el dictamen con el que la Guardia Nacional dio sus primeros pasos, se dio a conocer una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre un caso mexicano. Nuestro Estado no conoce la vergüenza.

Si el mecanismo internacional definió que la participación de fuerzas armadas en tareas de seguridad debe estar subordinada a órganos civiles, aquí se le da un mando de cinco años a los militares. Si se demanda la fiscalización civil al aparato que se luce por su opacidad, les entregamos la construcción —con recursos financieros— de bienes raíces, aeropuertos, así como del orden público. Si dicha participación debe ser excepcional, el gobierno mexicano le quiere otorgar a la Guardia Nacional la injerencia en el fuero común. Entrenamiento militar para atender un asalto, una disputa entre vecinos.

No existe gran político que se haga al vapor del instante. El gran político sabe que necesita dominar el juicio del tiempo. El resto, la mayoría, lucha y es víctima de la mezquina medianía que nos hace sombra a todos los individuos, solo que pocos oficios la condenan más. De la mediocridad parte el origen en la insistencia por implementar una solución donde lo civil claudica ante lo militar.

El derecho a cometer barbaridades está limitado por la repercusión del daño que ocasionan, por eso un secretario de Estado no es libre de espetar una tontería como lo es un adolescente en fiesta de fin de año. El secretario no habla por él, lo hace a nombre del gobierno entero. Cuando el responsable de la seguridad en este país afirma con singular ligereza que al ciudadano no le importa la separación de responsabilidades entre Federación, estados y municipios, no está siendo honesto. Está mostrando la mediocridad de una mirada corta y frívola que no cumple con labor pedagógica. Oculto en lo supuestamente pragmático, es incapaz de medir las consecuencias de no diferenciar las responsabilidades de cada parte del Estado.


@_Maruan





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