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Domingo , 16.12.2018 / 09:59 Hoy

Fosa común

Hablemos de elefantes: Lola, de Iván Hernández

Martín Rangel

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Iván Hernández (@VanHarlow) es una de las dos mentes que controlan el sitio web http://www.editorialmalospasos.net, editorial de libros de poesía en formato .pdf, pero también un blog cuya lectura continua hace pensar más bien en un largo libro escrito a cuatro manos por dos sensibilidades tan disímiles, sin embargo emparentadas en la formación de su canon, es decir, sus lecturas. Junto con Fernanda Álvarez (@nopuedoverte), Hernández ametralla cada lunes con poemas sueltos en los que el lector puede respirar los ecos, el humo posterior a la detonación, de voces reconocidas dentro de la más reciente producción de autores norteamericanos: Miranda July, Tao Lin, Megan Boyle, Steve Roggenbuck, y un amplio etcétera. Como muchas otras editoriales basadas en internet, Malos Pasos se ha aventurado a dar el salto al papel con la próxima publicación de Lola, primer poemario “en forma” del propio Hernández, el cual tuve el privilegio de leer antes de su lanzamiento oficial. De Lola, precisamente, se desprenden las líneas que siguen:

Lola (Editorial Malos Pasos, México D.F, 2014) es un poemario que “narra” en orden cronológico la separación de Lola —figura idealizada del amor imposible en tiempo presente— de otra chica, la voz poética que nos guía a través del libro con un tono confesional, íntimo, en primera persona. Iván está consciente de lo sencillo que podría resultar caer en el lugar común cuando se escribe una historia de desamor, abandono y ansiedad, y no parece sentirse siquiera en la necesidad de evitarlo. Si acaso, al abordar el tema desde una transexualidad poética, pone un poco las cosas de cabeza: intentar emular una sensibilidad femenina atenta a los detalles más ínfimos:

Esos discos que dejaste

puestos en mi tornamesa,

tus medias negras caladas,

tu labial rojo de fresa,

esas fotos de las dos

en nuestras salidas secretas,

un elefante de fieltro

y las cartas incompletas.

Lo invoca, al lugar común, incluso, con una intencionalidad premeditada: la literatura para el no lector. El no lector de poesía, es probable que desconozca los tópicos elementales de la lírica, sin embargo se ha nutrido de la veta poética a partir de la música, formato de la poesía popular. Lola incorpora un discurso de la poesía, del fenómeno poético, la experiencia de la palabra a través de nuestra sensibilidad individual, llevado a su más elemental constitución. Una poesía que se entiende. Que es efectiva porque está construida a partir de una mitología que pertenece al hombre de a pie, y no al erudito de academia (éste, aunque huya de su propia mundanidad a toda costa, también la posee). La escritura del poeta no teme retomar aspectos de la poesía popular como los uso del paralelismo y la rima (importante debido a la formación de Hernández como artista de música cubana, autor primordialmente de letras de sones, etc.). La versificación, aparentemente titubeante, como simulando el habla ansiosa de aquel que ha sido abandonado y no es capaz de encontrar el sosiego en sí mismo, es en realidad una fragmentación de un verso principalmente dodecasílabo: verso par: pop.

Ahora escuchada Lola

a todas horas:

en la calle

en la tele

en el radio,

en el reloj

despertador.

Lola,

Lola,

Lola,

te llamaba de madrugada

antes que saliera el sol.

Llaman la atención cierta utilización o creación de imposibles, de imágenes o hechos hipotéticos que no pueden ser realizados en nuestro plano de la realidad, sin embargo dan pie a poderosa angustia de no poder concretar los propios deseos, de ser incapaz de mitigar ese incendio:

...la vida sin Lola

es como comprar un libro de origami,

querer hacer una grulla

y darte cuenta

que no tienes hojas de papel.

Usar las hojas del libro

para hacer los dobleces

y no poder ver las instrucciones.

En resumen: la lectura del debut editorial “serio” de Iván Hernández” es una lectura sencilla en su uso del lenguaje, tensa en la construcción de una historia que va desgranándose y descomponiéndose al compás de la depresión y el colapso emocional de la voz poética, esa chica sin nombre que no puede anteponerse a la fiereza del recuerdo. Es notable la incorporación de elementos tan cotidianos como contemporáneos, asimismo interesa mucho el ejercicio de contarlo todo desde una voz femenina (en lo absoluto novedoso en nuestra tradición, pero estimulante al fin).Me ilusiona la posibilidad que tiene Lola de acercar la poesía a los individuos y que, de esta manera, la más íntima forma del lenguaje escrito recupere el lugar que merece en nuestro mundo.

jmrn23@gmail.com

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