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Fajadores y estilistas

Estocada

Martín Eduardo Martínez

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Empiezo a cansarme de hablar, no aquí sino en todos lados, del mismo tema: boxeadores de todas las categorías haciendo alarde de sus capacidades en el pugilismo, cuando no son capaces de pegarle al saco del gimnasio con el tino suficiente para vencer su cuerpo que se creería inanimado. La falta de preparación y el exceso de ego han hecho en el deporte de los puños una muy mala combinación para la estabilidad emocional y profesional de los involucrados en el arte del bluff y el esnob, que no son pocos.

Con su mano en la garganta de Jeff Horn en la exhibición frente a frente antes de la pelea hace un par de días, Anthony Mundine, de 43 años, dio por hecho su victoria indiscutible en el Suncorp Stadium de Queensland, Australia, pensando que dos peleas entre 2015 y 2018 serían suficientes como entrenamiento y garantía para dar batalla ante un hombre que se ha plantado de lleno en los escenarios más importantes del mundo desde sus tiros con los wélters Terence Crawford en este año y con Manny Pacquiao en 2017. Dio por hecho la victoria, o diríamos otros, firmó su sentencia y su retiro voluntario de este gran set de que es el box, tan bondadoso con los merecedores como inclemente con los mentirosos.

Apenas 96 segundos de los 2 mil 160 de un combate a 12 asaltos fueron suficientes para que el peso mediano más joven se impusiera ante el físico de un veterano del boxeo que ya no tiene mucho más por ofrecer a su público. Si bien regaló algunas buenas funciones defendiendo en dos ocasiones el título supermediano de la Asociación Mundial de Boxeo, así como el de peso mediano de la Organización Internacional de Boxeo, todo entre 2003 y 2010, no se le recuerda por haber vencido a los derroteros más importantes de la década, y ni siquiera por ser en su etapa anterior la estrella del rugby que el mundo entero estaba esperando.

“Jeff demostró esta noche que es un mejor hombre… con una mejor pegada. Me atrapó pronto con su golpe y dejó en claro que ésta es la próxima generación, así que se los dejo a ellos”, dijo Mundine ante un panorama que de inicio ya no le favorecía y al final terminó por noquearlo tanto como la mano izquierda de Horn y el conteo del réferi. Uno más que se va, uno más que no se queda en los anales del box ni por bueno ni por malo, y que se despide de los reflectores con un derribo a lona que se puede interpretar más como una muestra de su alta edad deportiva y desinterés por la puerta grande, mientras que para Jeff las cosas parecen ir según lo planeado por él y sus manejadores por un tiempo indeterminado.

Horn no fue el cuerno de su nombre sino una estaca, y esta vez le tocó a Anthony Mundine, ajeno al toreo, al rugby y ahora al box, recibir ese daño implacable salido del guante del australiano que le impidió levantarse para contarla. Si vuelve al encordado o no, es otra cosa, pero ante este tipo de exhibiciones, lo único que le debiera quedar como hogar a un hombre es la desconfianza y el valor para ceder.

mar_mtz89@hotmail.com



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