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Martes , 19.06.2018 / 10:33 Hoy

La ciencia por gusto

Verdad científica y consenso

Martín Bonfil Olivera

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La semana pasada presenté en este espacio un comentario sobre el calentamiento global y el cambio climático que trae aparejado. En respuesta, más de un lector me acusó de estar propagando una falsedad, e incluso de promover “una nueva religión”.

Hay mucha gente en el mundo —entre ellos Donald Trump— que duda de que el calentamiento global sea un fenómeno real, o no están convencidos de que sea producto de la actividad humana, sino que creen que forma parte de los ciclos naturales del planeta. Como consecuencia, niegan sus riesgos.

Estos negacionistas del cambio climático afirman, para explicar que la inmensa mayoría de los expertos en clima estén de acuerdo en que el riesgo es real (con datos y análisis detallados como sustento), que existe una especie de complot global, organizado quizá por “países enemigos del mundo libre” como China, para propagar la versión oficial. El objetivo sería perjudicar la economía de los países industrializados (o, en una versión alterna, la de las naciones emergentes).

El problema es que, al discutir sobre el asunto, quienes niegan el cambio climático descalifican la validez del conocimiento científico que es dado por bueno por la mayoría de los expertos científicos.

Parte del problema es la visión relativamente ingenua que normalmente tenemos de la ciencia. Se nos enseña que los científicos observan objetivamente, sin prejuicios, la realidad, hacen experimentos, y que a partir de ello formulan hipótesis que expliquen lo observado. Luego, plasman sus conclusiones en artículos científicos que son enviados a revistas arbitradas, donde son examinados por expertos, y solo si pasan este control de calidad son publicados para ser considerados como ciencia legítima.

Lo que casi nunca se nos dice es que gran parte del quehacer científico consiste en la discusión, sistemática y crítica, de datos, modelos e interpretaciones. Discusión que continúa mucho después de haber sido publicada. Y tampoco que en ciencia el concepto de “verdad” no tiene mucho sentido: lo que se obtiene por este complejo proceso es simplemente conocimiento consensuado que representa, en un momento dado, la visión más confiable de lo que ocurre en la naturaleza.

La idea de que la ciencia no produce verdades sino conocimiento útil y confiable, y que el criterio para evaluar su validez no son tanto los datos sino el consenso de la comunidad de expertos calificados sobre la cuestión que se trate, es indispensable para entender las interminables discusiones sobre temas polémicos como el cambio climático y otros.

En particular, el papel de periodistas y comunicadores de la ciencia no es juzgar las disputas científicas ni calificar quién tiene la razón en este tipo de polémicas, sino presentar a su público la ciencia más actual y confiable. Y, en el caso de polémicas ya superadas, como la del cambio climático, dejar claro que el negacionismo carece de sustento científico.

Todo mundo tiene derecho a su propia opinión, y a confiar en la información que le parezca más adecuada. Lo que no es válido es presentar como ciencia versiones que, aunque en un momento dado hayan sido plausibles, han sido ya desechadas. Cuando se trata de temas donde ya existe un consenso científico amplio, seguir difundiendo opiniones minoritarias es, simplemente, desinformar.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgaciónde la Ciencia, UNAM.

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