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Sábado , 23.06.2018 / 11:35 Hoy

La ciencia por gusto

Temblor y rumores

Martín Bonfil Olivera

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Casi todo se ha dicho ya respecto al terremoto que asoló, con gravísimas consecuencias, a varios estados y la Ciudad de México.

Además de lamentar las tragedias, de tratar de ayudar, de enorgullecerse ante las inmensas muestras de solidaridad y apoyo por parte de todos, vale la pena analizar los fenómenos mediáticos que acompañaron a este suceso.

A diferencia de 1985, hoy vivimos en la era de la comunicación instantánea, las redes sociales… y la desinformación. Más tardó el temblor en terminar que los rumores, mentiras y teorías de conspiración en comenzar a circular.

Habrá material para numerosos estudios en teoría de la comunicación que expliquen por qué hubo gente que lanzó información, por ejemplo, acerca de edificios “recién colapsados” que resultó ser falsa. El caso de la inexistente niña Frida Sofía será también material para futuras tesis.

Circuló también información confusa sobre temas como la utilidad del famoso “triángulo de vida” (al parecer, es útil en regiones donde las construcciones están hechas de materiales ligeros como madera o lámina; la probabilidad de que una mesa o un librero puedan sostener el peso de muros o pisos de piedra, concreto o acero es prácticamente nula), o sobre la manera correcta de medir la magnitud de los terremotos (los grados Richter no son ya usados para terremotos de más de 7 grados; a partir de ese número se utiliza la escala de magnitud de momento, aunque ambas son compatibles).

Pero quizá lo más notorio es la desinformación que circula acerca de “teorías” sobre las “verdaderas” causas de los sismos que han ocurrido recientemente. Desde la lamentable diputada Carmen Salinas asegurando que fueron causados por las pruebas atómicas realizadas por Corea del Norte, hasta un charlatán llamado Alex Backman, que desgraciadamente ha adquirido notoriedad gracias a los sismos y que, por medio de videos y una página web, propaga —con preocupante éxito— ideas tan absurdas como que las manchas solares influyen en los terremotos, y que observándolas se pueden predecir.

No tiene caso, ni tengo espacio, para desmentir tales burradas. La totalidad de verdaderos expertos en geociencias están de acuerdo en que ni las manchas solares influyen sobre fenómenos geológicos de la magnitud de los terremotos (lo comentábamos aquí la semana pasada), ni hay manera alguna conocida para predecirlos. Quien diga que puede hacerlo es, simplemente, un desequilibrado o un estafador.

El cerebro humano está diseñado para buscar sentido en la información que recibe. Ante una coincidencia tan increíble como que un terremoto haya azotado a la capital por segunda vez en una misma fecha, es natural que tendamos a buscar un patrón, una explicación, una causa más allá del mero azar. No los hay. Los sismos ocurren de manera inesperada. Y algunos causan daños inmensos. Así es el mundo.

Pero da esperanza que al mismo tiempo, y usando los mismos medios, han comenzado a circular también multitud de mensajes serios, de particulares, de comunicadores e incluso del gobierno de la ciudad, pidiendo no compartir información falsa o no verificada, aplicar el pensamiento crítico, cotejar las fuentes.

Quizá, entre todas sus lecciones, este terremoto nos enseñe además a ser un poco más rigurosos con la información que compartimos. Ojalá.

mbonfil@unam.mx

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