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La ciencia por gusto

¿Quién divulga la ciencia?

Martín Bonfil Olivera

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A mucha gente le interesa la ciencia, pero, ¿quién se encarga de llevarla hasta el gran público?, ¿Quién lo puede hacer más eficazmente? La respuesta a estas preguntas se divide en dos grandes bandos. Uno piensa que la elección óptima para comunicar ciencia deberían ser los expertos, los investigadores que la hacen y que la conocen a fondo.

Pero comunicar la ciencia al público es una labor muy complicada que enfrenta numerosos retos: su lenguaje especializado, el carácter abstracto de sus modelos, los peligros de sobresimplificar o exagerar sus logros, la facilidad con la que la información científica se puede distorsionar o malinterpretar, y el riesgo de no distinguir entre ciencia legítima y charlatanería seudocientífica, entre otros.

Por ello, otro bando opina que esa labor debe ser llevada a cabo por profesionales, expertos en comunicación con una preparación específica.

En la realidad de México y del mundo lo que ocurre es que hay una mezcla de ambos extremos. Como célebremente dijera el doctor Luis Estrada, pionero de la divulgación científica en México, lo ideal es que comunique la ciencia quien pueda hacerlo bien.

Al respecto, es interesante revisar una encuesta realizada entre junio y octubre de 2016 entre los investigadores de los 26 Centros Conacyt que se localizan en diversos Estados de la República. El estudio fue realizado por Daniela Tarhuni Navarro, del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, en Yucatán, y Noemí Sanz Merino, de la Universidad de las Islas Baleares. Fue publicado en junio en la revista especializada Public Understanding of Science (Comprensión pública de la ciencia). Su objetivo era conocer las percepciones, actitudes, opiniones, motivaciones, interés y participación de los investigadores respecto a la divulgación científica.

Llama la atención la poca respuesta que obtuvieron: de más de 2 mil 400 investigadores solo 167 (7 por ciento) respondieron la encuesta. Esto por sí mismo ya es un indicador de poco interés en la comunicación pública de la disciplina que ejercen.

Pero entre los que sí respondieron, el interés es alto. Más de 90 por ciento opina que la divulgación es una actividad importante y que debería ser parte de las labores de los centros de investigación. Pero aunque 77 por ciento se dijeron muy interesados en participar en ella, solo lo hacen dos o tres veces por año, principalmente en eventos públicos como conferencias, ferias de ciencia y talleres, o bien en entrevistas con los medios de comunicación.

Hay mucho jugo que se le puede sacar a esta encuesta, pese a su limitado alcance (recomiendo el excelente reportaje de Cecilia Rosen, publicado en el portal SciDev.Net: bit.ly/2KRJEZY). Las autoras del estudio concluyen, entre otras cosas, que la falta de reconocimiento y apoyo que reciben los investigadores para realizar labores de divulgación científica son algunos de los obstáculos para su participación en esta importante labor.

Durante el sexenio que termina, el Conacyt apoyó muy decididamente a la comunicación pública de la ciencia en México. Sería muy deseable que el próximo gobierno mantenga e incremente este apoyo, no solo para impulsar la participación de investigadores en la divulgación científica, sino también para continuar formando y dando oportunidades laborales a comunicadores profesionales de la ciencia.

El país lo agradecerá.

mbonfil@unam.mx

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