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Miércoles , 20.06.2018 / 05:06 Hoy

La ciencia por gusto

Por qué no escribo de Ayotzinapa

Martín Bonfil Olivera

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Conforme avanzan las investigaciones y la discusión sobre ese horror que ocurrió en Ayotzinapa, una palabra que sale a relucir reiteradamente es "ciencia".

Es lógico pensar que la ciencia pudiera ayudar a esclarecer qué ocurrió esa noche monstruosa. Y sin embargo, lo que ha surgido es un enredo de versiones contradictorias, datos confusos, acusaciones y excusas. A más de un año seguimos sin saber qué ocurrió, cómo ocurrió e incluso dónde ocurrió.

Y es que la ciencia es una creación humana y tiene limitaciones. Hay versiones de "verdad histórica" que establecen un lugar y un método para la muerte de los muchachos, y hay una verdad alterna, defendida por los padres de éstos y por quienes —comprensiblemente— desconfían de las versiones oficiales, en que las 43 víctimas no fueron incineradas en el basurero de Cocula, o incluso se mantienen vivas en algún almacén. Hay expertos reconocidos mundialmente que afirman que tal incineración es absolutamente imposible; otros expertos, igualmente acreditados, afirman que por el contrario, es muy plausible que haya ocurrido.

La bolsa con cenizas hallada en el río y analizada por expertos de Innsbruck contiene, según los estudios, restos de uno de los estudiantes. Pero se cuestiona el origen mismo de dicha bolsa y restos, pues no se siguió un procedimiento adecuado que garantice su origen. Para cada hecho, evidencia o interpretación surge una versión contraria y no hay manera de decidir entre ellas.

Según yo lo veo, el asunto de la posible incineración ha dejado de ser un tema científico para volverse político e ideológico. Igual que ocurre con otras controversias que mezclan ciencia con el interés de la sociedad (transgénicos, aborto), los sesgos e intereses de uno y otro lado hacen imposible llegar a acuerdos sobre qué pudo haber sucedido o no, e incluso sobre qué métodos o qué expertos son válidos para investigarlo.

Llámeme pesimista, pero creo que, como ocurre con tantos grandes crímenes, jamás vamos a conocer la verdad sobre Ayotzinapa. Los métodos de la ciencia son confiables, pero resultan frágiles y delicados, inútiles, ante la brutalidad de los intereses involucrados en casos como éste.


mbonfil@unam.mx
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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