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Domingo , 27.05.2018 / 05:55 Hoy

La ciencia por gusto

Memética de las "fake news"

Martín Bonfil Olivera

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Hace 42 años, en 1976, el biólogo británico Richard Dawkins publicó su libro El gen egoísta. En él proponía una visión novedosa de la evolución, que presentaba no como una competencia entre especies o individuos, sino entre genes.

Para Dawkins, los genes son replicadores cuya función es producir copias de sí mismos. Aquellos que, por azar, tengan características que aumenten sus posibilidades de ser copiados, serán los que sobrevivan y aumenten en una población.

Pero en los últimos capítulos proponía la posibilidad de que existiera otro tipo de replicadores, consistentes no en información genética sino cultural y que, al igual que aquella, se copia y evoluciona, sobrevive o se extingue. Lo hace “infectando” cerebros a través del lenguaje, de libros y revistas, medios de comunicación y redes virtuales. Dawkins llamó “memes” a estos replicadores.

Hoy la palabra es famosa gracias a un tipo concreto de memes: las imágenes graciosas que circulan por internet. Pero también las modas, los chismes y chistes, las ideologías, religiones o teorías científicas son ejemplos de memes. Y, por supuesto, también las fake news.

Hace unas semanas la revista Science publicó un estudio, firmado por tres investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en el que se analizaron 126 mil noticias que se difundieron en Twitter entre 2006 y 2017, y que fueron compartidas 4.5 millones de veces por 3 millones de usuarios. Comenzaron por clasificarlas en verdaderas y falsas, basándose en dictámenes de organizaciones profesionales de verificación de información como Snopes.com y Politifact.com.

Luego analizaron quién los compartía y cuántas veces, y a qué velocidad y qué tan extensamente se difundían. Hallaron que, de 1 por ciento de las más compartidas, las “cascadas” de noticias falsas se difundían entre mil y 100 mil personas, mientras que las verdaderas, si bien les iba, alcanzaban a un máximo de mil personas.

También encontraron que las fake news se publicaban más rápido que las verdaderas, y eran difundidas no por bots ni por famosos con miles de fans, sino por gente común con pocos seguidores. Aunque estos efectos eran más notorios en historias sobre política, lo mismo ocurre con otros temas: terrorismo, desastres naturales, ciencia o información financiera.

Aunque habría que hacer análisis aún más extensos y profundos, incluyendo a otras redes sociales, los investigadores se arriesgan a plantear una hipótesis para explicar este fenómeno: las noticias falsas, dicen, tienden a ser más novedosas que las verdaderas. Y esto causa que la gente las comparta más.

Si adoptamos la perspectiva “memética” de Dawkins y vemos a las noticias como memes, los resultados de esta investigación se pueden interpretar en términos de las características que les confieren mayor valor de supervivencia. Los memes más novedosos o emocionantes, pero también los más sencillos, satisfactorios, lógicos o, en fin, los que posean cualquier propiedad que predisponga a compartirlos, serán los que más se difundan.

Quizá estudios como éstos nos ayuden a comprender mejor y a controlar la forma de difusión de la información en redes para que, en vez de desinformar, manipular o causar caos y confusión, ayude a tener sociedades más justas y mejor informadas.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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