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La ciencia por gusto

Los vuelos gratis no existen

Martín Bonfil Olivera

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El pasado viernes circuló en las redes sociales la información de que la NASA había logrado construir un “sistema de propulsión electromagnética” o EmDrive que podría servir para hacer motores espaciales económicos, debido a que viola la tercera ley de Newton.

La noticia apareció también en numerosos medios de comunicación del mundo. La fuente original es un artículo de la revista Journal of propulsion and power.

El invento llamó la atención porque podría ser la solución a uno de los principales problemas de los viajes espaciales. Todos los sistemas de propulsión utilizan la segunda ley de Newton, que, como usted recordará, afirma que cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza de igual magnitud y de sentido opuesto. Esto es lo que permite a los cohetes impulsarse en el espacio: expulsan hacia atrás los gases producto de la quema del combustible, y generan así una fuerza de reacción que los impulsa hacia delante.

Pero para un viaje interplanetario se debe cargar una gran cantidad de combustible: gran limitación. El EmDrive resolvería este problema. Consiste en una especie de “cañón” que lanza microondas contra la pared de cavidad de resonancia y produce así un impulso. Como todo ocurre dentro del sistema, no hay una fuerza de reacción y no se necesita un combustible que expulsar (aunque sí una fuente de energía para el magnetrón).

Es como si, estando dentro de la caja de un camión de carga, uno pudiera hacer que éste avanzara lanzando pelotas contra la pared. (Si le suena posible, es porque lo vemos en las caricaturas, pero las leyes de la física lo prohíben.)

Entonces, ¿cómo funciona el EmDrive? Después de todo, los investigadores que lo construyeron —encabezados por Harold White— forman parte del Advanced Propulsion Physics Laboratory de la NASA (o “Laboratorios Eagleworks”), y el experimento fue publicado en una revista seria.

La respuesta, tristemente, es que… no funciona.

¿Qué ocurrió entonces? Varias cosas. Una, los medios de comunicación no suelen verificar las noticias de ciencia y tecnología con el rigor suficiente. Dos, algunas revistas científicas tienen estándares de calidad deficientes. Y tres: incluso en instituciones serias como la NASA suele haber pequeños grupos marginales. Los Laboratorios Eagleworks, a pesar de su impresionante nombre, son en realidad un grupo pequeño de personas con un presupuesto bajo que exploran posibles sistemas de propulsión basados en teorías marginales (es decir, teorías que son rechazadas por el grueso de la comunidad científica).

El experimento de White está plagado de problemas: en particular, no se puede asegurar que la fuerza impulsora detectada sea real, pues cae dentro del margen de error de los instrumentos.

¿Moraleja? Las instituciones como la NASA deberían tener estándares más altos en lo que consideran investigación científica seria. Las revistas científicas deberían reforzar sus mecanismos de control de calidad. Los medios de comunicación deberían contar con periodistas especializados en temas científicos. Y los ciudadanos deberíamos tratar de incorporar el pensamiento crítico y la cultura científica a nuestra manera de pensar, al menos para saber que si algo suena demasiado bueno, lo más probable es que sea mentira.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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