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Martes , 19.06.2018 / 13:13 Hoy

La ciencia por gusto

La inmortalidad del… gusano

Martín Bonfil Olivera

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Todos tememos a la muerte. Religiones y fantasías han jugado con la posibilidad de burlarla, y la ciencia ha explorado sus causas. Pero pese a todos los esfuerzos, la inmortalidad nos sigue eludiendo.

Pero lo que verdaderamente nos hace humanos no es nuestro cuerpo, sino nuestro cerebro. Más precisamente, nuestra mente y conciencia: ese “yo” que somos, consecuencia del funcionamiento de ese cerebro. Si lográsemos que ese “yo” siguiera existiendo, podríamos adquirir una forma particular, pero factible, de inmortalidad.

Son interminables las discusiones sobre si bastaría con reproducir con precisión absoluta la estructura detallada de un cerebro, con sus 86 mil millones de neuronas y los billones de conexiones entre ellas, para obtener también una réplica de la conciencia albergada en él. Actualmente se trabaja en el estudio del “conectoma” humano: el mapa de todas sus conexiones neuronales. Posteriormente se construiría una simulación en computadora de todo el cerebro.

Pero para abrir la boca se ha comenzado por reproducir el sistema nervioso más simple que se conoce: el del gusano Caenorhabditis elegans. Cuenta con solo 302 neuronas, y se conoce el mapa de todas y cada una de las conexiones entre ellas. Pues bien: Timothy Busbice, miembro del Proyecto OpenWorm, que busca generar una reproducción computacional completa del gusano, generó un modelo en computadora de su conectoma y lo colocó en un robot motorizado construido con ladrillos Lego. Los sensores de olfato del gusano, por ejemplo, se simularon con detectores de sonar. Las neuronas motoras de sus costados corresponden a los motores.

Lo asombroso es que, sin necesidad de programar o someter a entrenamiento a la red neuronal, el robot espontáneamente presentó comportamientos análogos a los de su contraparte biológica. Al estimular el sensor de “olfato”, el robot se detuvo. Al estimular el de comida, avanzó. Y al activar los sensores de presión delantero o trasero, avanzó o retrocedió, como haría el gusano real.

Es un pequeñísimo paso, pero prueba que es muy posible que baste con replicar las conexiones de un cerebro para reproducir sus funciones. Incluyendo, quizá, nuestra mente, recuerdos y nuestra conciencia.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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