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La ciencia por gusto

¿Hasta dónde es ciencia la ciencia?

Martín Bonfil Olivera

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Vivimos en la era de las fake news y la manipulación informativa. Mediante la desinformación, aceptada sin cuestionar y difundida viralmente, la democracia, la salud o la confianza en la ciencia pueden ser manipuladas y puestas en duda.

En ciencia, las noticias falsas virales dan pie a teorías de conspiración como que nunca pisamos la Luna o que la Tierra es plana. O, mucho más grave, a ideas como que el sida no es causado por un virus, que el calentamiento global es un invento o que las vacunas, lejos de proteger la salud, la dañan. Todas ellas pueden perjudicar severamente a la humanidad.

¿Cómo combatir esta epidemia de credulidad, desconfianza en el conocimiento científico y falta de pensamiento crítico? Creo que, al menos en lo que respecta a temas científicos, quizá parte del problema es que no hemos logrado que el gran público entienda cómo funciona, en realidad, la ciencia: la presentamos casi siempre con una “invención” realizada por “genios”, o cuando mucho como una receta de cocina: observación, hipótesis, experimentación…

En realidad, el conocimiento científico es múltiple, complejo y varía con el tiempo y el contexto. ¿Cómo se puede saber si una idea (las vacunas, el calentamiento global, la homeopatía, la astrología) son ciencia o solo engaños pseudocientíficos?

Hasta los científicos tienen problemas para definir con claridad la frontera entre la ciencia legítima y la falsa. La respuesta más sencilla sería decir que la ciencia se basa en evidencia y argumentos lógicos, y la pseudociencia no. Pero no es tan sencillo. Hay áreas de la ciencia que no tienen mucha evidencia que las apoye, como la teoría de cuerdas o la de los multiversos, y sin embargo son en general consideradas científicas.

Otro intento de definir un “criterio de demarcación” para distinguir qué es ciencia y qué no fue el requisito, propuesto por el filósofo Karl Popper, de que toda teoría científica debería ser “falsable”: tendría que estar definido qué resultados, de obtenerse, refutarían dicha teoría. Las seudociencias jamás pueden ser refutadas; siempre recurren a excusas y explicaciones sacadas de la manga para salvarse. Las teorías de multiversos en general no son falsables, pues no hacen —todavía— predicciones que puedan ser puestas a prueba.

Pero en realidad, y a diferencia de ideas claramente seudocientíficas como la Tierra plana o la astrología, las teorías cosmológicas como la de multiversos o la de cuerdas no son simples ocurrencias superficiales. Son, por el contario, derivaciones teóricas de alta complejidad que parten de la física más avanzada que conocemos. Podemos defenderlas como “ciencia” en tanto que derivan de la ciencia, son hechas por científicos y utilizan el mismo rigor y herramientas teóricas que el resto de la física.

Y, sobre todo, porque son aceptadas como ciencia por el consenso mayoritario de la comunidad científica. Porque al final, como han argumentado muchos filósofos e historiadores, ciencia es aquello que la comunidad científica reconoce como tal.

A lo mejor, si los ciudadanos conocieran mejor estas discusiones, apreciarían más claramente que para distinguir fake news de ciencia legítima lo mejor es recurrir justo a los expertos, y no solo confiar en la “autoridad” de una página de Facebook.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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