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Viernes , 19.10.2018 / 09:03 Hoy

La ciencia por gusto

El futuro de la ciencia mexicana

Martín Bonfil Olivera

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Es claro que la prosperidad y el bienestar de toda nación depende, cada vez más, de su desarrollo científico-tecnológico.

En el tercer debate presidencial, el hoy candidato ganador Andrés Manuel López Obrador anunció a la doctora Elena Álvarez-Buylla como futura directora del Conacyt.

Aunque nadie duda de la reconocida calidad académica de la investigadora, han surgido voces, entre la comunidad científica y entre los ciudadanos interesados en la ciencia, que critican su designación.

En parte por su falta de experiencia administrativa, que normalmente se considera necesaria para desempeñar exitosamente un puesto de ese calibre. En parte por su trayectoria como activista contra los organismos transgénicos, en particular de maíz, que ha llevado a extremos difíciles de reconciliar con el rigor científico (ha afirmado públicamente, por ejemplo, que el consumo de transgénicos puede causar cáncer o autismo, ideas que han sido concluyentemente refutadas). Este activismo radical causa preocupación sobre su capacidad para ejercer sin sesgos y con la imparcialidad necesaria la dirección del Conacyt.

Pero, sobre todo, se critica el plan de reestructuración estratégica que recientemente hizo público, donde define las líneas que seguirá el Conacyt en el próximo sexenio (disponible en bit.ly/2LUrfc5).

El movimiento #ResisCiencia18, “un grupo de personas interesadas en el desarrollo científico del país”, tras un análisis cuidadoso, señala en su blog (bit.ly/2LY0gfP) algunos puntos del plan presentado por Álvarez-Buylla que puede perjudicar u obstaculizar el desarrollo de la ciencia en México. Entre otros:

–Que el plan haya sido elaborado sin la colaboración amplia de la comunidad científica;

–Que muchas de las líneas propuestas se concentren en las áreas de especialidad de quien lo redactó: temas ambientales, alimentarios y sociales, mientras que muchos campos de investigación básica como física, química, matemáticas, ciencias de la Tierra y cómputo son prácticamente ignorados;

–Que se pretenda evaluar la “pertinencia” de las investigaciones que apoyará el Conacyt solo con base en su utilidad social y ambiental, ignorando la importancia fundamental de la ciencia básica;

–Y, más alarmante, que se proponga que el Conacyt podrá vetar, con base en el “principio de precaución” —concepto notoriamente nebuloso y subjetivo— las investigaciones que considere “riesgosas”, con base en la opinión de “comités de científicos y personas relevantes de otros sectores nacionales”.

Preocupa también el sesgo ideológico presente en el documento, que habla de “ciencia occidental” y la contrasta con una supuesta “ciencia campesina milenaria de México”.

Por éstas y otras razones, el movimiento #ResisCiencia18 ha lanzado una petición en Avaaz.com (bit.ly/2NS0J3z) para solicitar al futuro presidente López Obrador que reconsidere la elección de Álvarez-Buylla para el puesto, y proponga a una persona con un perfil más apropiado. Si quiere enterarse más del tema, puede usted informarse a fondo en el blog de (bit.ly/2LY0gfP) y, si lo considera adecuado, sumarse a la petición en Avaaz.

En temas de ciencia, como en cualquier otro en una sociedad democrática, lo importante es que los ciudadanos participemos adoptando una postura libre y responsable, con base en información confiable.

mbonfil@unam.mx

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