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La ciencia por gusto

Eclipse e ineptitud

Martín Bonfil Olivera

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Cuando se habla de ciencia, tendemos a pensar automáticamente en aburridas clases en la escuela. Pero en realidad la ciencia es, antes que nada, una forma de ver el mundo. Nos permite apreciarlo y, además, comprenderlo de manera precisa y cuantitativa. Y nos ayuda a predecirlo y a controlarlo.

Es por eso que, en toda sociedad moderna, es importantísimo que los ciudadanos posean una cultura científica que les permita involucrarse con la ciencia, apreciarla, entenderla y hacerla suya, apropiársela y participar. Entre otras cosas, para que las decisiones sobre temas científicos-tecnológicos, y sus efectos en el ambiente y la sociedad, no sean tomadas solo por científicos, funcionarios de gobierno o directivos de empresas, sino por los ciudadanos.

Pero para ello es indispensable que esos ciudadanos reciban, desde la infancia, una educación que incluya a la ciencia, no solo como conocimientos, sino acompañados de las experiencias, perspectivas, actitudes y habilidades que nos ofrece.

Por eso escandaliza la noticia de un supuesto memorando de la Secretaría de Educación del Estado de Coahuila —de cuya autenticidad no hay razones para dudar—, fechado el 11 de agosto y que da indicaciones a los directores de escuelas primarias, con motivo del eclipse parcial de Sol, para que mañana lunes 21 de agosto “instruyan a las y los maestros (sic) de grupo de los planteles educativos a permanecer en sus salones, no permitiendo por ningún motivo la salida a los patios escolares y al aire libre.

“Las citadas medidas —continúa el memo— son con el objetivo primordial de evitar daños oculares permanentes al observar dicho fenómeno sin la precaución debida, así como prevenir riesgos innecesarios en las niñas y los niños”.

¿En serio? ¿“Riesgos innecesarios”? ¿Qué tal si, en vez de privar a los niños de una experiencia que pocas veces podrán repetir en su vida, la Secretaría de Educación de Coahuila hubiera tomado medidas pertinentes y oportunas para dotar a maestros y alumnos de la información y los medios para observar el fenómeno de forma segura y disfrutable? ¿Para convertir la ocasión en una vivencia que puede detonar su interés por entender la ciencia, combatir los recelos en su contra y —quién sabe— quizá despertar una o dos vocaciones científicas? Y no estamos hablando de lentes especiales: basta con papel y una caja de zapatos, y muchos otros métodos indirectos que están a la distancia de una búsqueda en Google para lograrlo sin gastar un peso.

En Nuevo León hubo rumores de una prohibición similar, ya desmentidos por el gobierno. En Guanajuato, las autoridades educativas fueron más allá y emitieron un comunicado a los maestros: “Si tus alumnos desean satisfacer su curiosidad científica, aliéntalos a hacerlo de la manera más segura, ya sea usando lentes especiales o algún proyector, y promueve que no observen al Sol en ningún momento”. ¡Qué diferencia!

Por el contrario, hechos como el ocurrido en Coahuila solo sabotean los esfuerzos por construir una cultura científica en nuestra población, refuerzan los prejuicios, y fomentan las supersticiones y desconfianza frente a fenómenos naturales como el eclipse. Y, en última instancia, van justo en contra de lo que deberían ser los objetivos de una Secretaría de Educación. ¡Qué vergüenza!

mbonfil@unam.mx

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