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Domingo , 19.08.2018 / 17:01 Hoy

La ciencia por gusto

Cerebro, estadística y error

Martín Bonfil Olivera

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Durante siglos el cerebro, sede de nuestra actividad mental, nuestra memoria y nuestra conciencia, fue un enigma para la ciencia.

El estudio del cerebro humano vivo comenzó a ser posible en el siglo 19, gracias a análisis de pacientes con diversas lesiones cerebrales o con padecimientos como la epilepsia, y más tarde mediante la estimulación eléctrica de distintas áreas cerebrales. Se pudo así ir correlacionando sus funciones con dichas áreas, pero fue hasta el desarrollo de las técnicas de visualización funcional del cerebro que se logró comenzar realmente a profundizar en su función.

Quizá la más popular de estas técnicas es la visualización por resonancia magnética funcional (fMRI), que mide la cantidad de flujo sanguíneo en diversas áreas cerebrales —lo que indica una mayor actividad nerviosa— y la presenta de manera visual en tres dimensiones y tiempo real. Esto gracias a los cambios en las propiedades magnéticas de la hemoglobina oxigenada y desoxigenada de los glóbulos rojos, detectados mediante campos magnéticos y analizados con avanzadas computadoras.

Con ella, en los últimos 15 años se han realizado unos 40 mil estudios que correlacionan la actividad cerebral con funciones cognitivas como mover una mano, observar una imagen, tocar el violín, memorizar un dato e incluso experimentar una emoción.

Pero ha surgido una crisis. En julio pasado se publicó en la revista PNAS un estudio que cuestiona la manera como el software comercial, incluido en los equipos de fMRI, analiza estadísticamente los datos para interpretarlos visualmente. En particular, los autores del estudio, encabezados por el neurobiólogo sueco Anders Eklund, afirman que unos 3 mil 500 artículos pueden contener errores graves que invalidarían sus resultados.

El escándalo ha sido mayúsculo, aunque quizá un poco excesivo, pero obligará a mejorar las técnicas estadísticas y la forma en que se interpretan los estudios de fMRI. Lo cual, tomando en cuenta la tendencia a exagerar estos estudios y a reducir la actividad mental a la simple activación de ciertas áreas cerebrales, no le vendrá nada mal a las neurociencias.

En ciencia, cuando se trabaja bien, siempre se aprende; hasta cuando se descubren errores.

mbonfil@unam.mx
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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