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Domingo , 23.09.2018 / 03:53 Hoy

La ciencia por gusto

Apoyos fructíferos

Martín Bonfil Olivera

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Una parte de la ecuación que hace a un país desarrollado es una decidida inversión en ciencia y tecnología, algo que en México probablemente seguirá escaseando, pues el panorama para 2017 indica que habrá recortes con efectos muy severos en el desarrollo de proyectos de investigación, como ya se comentó en esta columna.

Pero hay otro componente importante de la ecuación del desarrollo científico-tecnológico-industrial-económico: la percepción que tienen los ciudadanos de un país —y sus gobernantes— respecto a la ciencia y la tecnología. Y es aquí donde el sistema educativo y los medios de comunicación pueden tener una gran influencia.

Por eso, desde hace décadas, la comunidad de divulgadores científicos ha trabajado para, entre otras cosas, llevar la cultura científica de forma accesible y atractiva al público amplio, a través de los más diversos medios y en todos los espacios posibles.

Durante años fue una labor heroica. Más adelante comenzó a haber nichos donde la divulgación científica podía ejercerse de manera profesional. También surgieron revistas, museos, exposiciones, programas de radio y tv, talleres, ferias de ciencia… Pero el apoyo económico seguía siendo escaso.

Desde hace pocos años, afortunadamente, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha comenzado a apoyar la labor de la comunidad de los divulgadores de México. En 2012 se publicó la primera Convocatoria de Apoyo a Proyectos de Comunicación Pública de la Ciencia, que desde entonces cada año proporciona recursos para financiar buenos proyectos de divulgación científica en el país.

¿El resultado?: exposiciones, videos, programas de radio, revistas, libros, productos para internet o para planetarios, ferias, proyectos comunitarios… una diversidad de frutos, además de la capacitación de personal y la apertura de nuevos espacios. Y por segunda vez, el Conacyt organizó este año un Congreso de Nacional de Comunicación Pública de la Ciencia en el que los realizadores de estos proyectos pudieron reunirse para exponerlos, compartir experiencias y discutir con expertos en el campo.

Pero eso no es todo. El Conacyt también ha realizado, durante cuatro años, un Simposio Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación, donde ha reunido a la comunidad de periodistas científicos del país para permitirles convivir, discutir y colaborar.

Además, creó en 2012 el Índice de Revistas Mexicanas de Divulgación Científica y Tecnológica, para avalar la calidad y ayudar a la profesionalización de las 19 publicaciones que actualmente incluye. Los editores de éstas se han reunido también en un simposio anual para compartir experiencias y sumar esfuerzos. Finalmente, el Consejo realiza también anualmente un Festival Internacional de Planetarios.

Con estos esfuerzos el Conacyt apoya, además de sus proyectos propios de divulgación científica, a quienes realizan proyectos de este tipo en toda la República. Un esfuerzo valioso, muy fructífero y que constituye una verdadera política pública en materia de comunicación de la ciencia.

Ojalá que estos apoyos, que le dan a nuestra sociedad la oportunidad de construir una cultura científica, y con ella, un futuro menos ominoso, puedan mantenerse a pesar de crisis y recortes presupuestales. No se necesita tanto dinero, pero sí el suficiente. Y, sobre todo, voluntad política.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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