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Domingo , 24.06.2018 / 23:25 Hoy

Mujeres con propósito

La precaria situación laboral en México no es motivo de bromas

Mariela Solís

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Un corte de 30 segundos a una entrevista realizada por una de las periodistas más conocidas en México, a uno de los cómicos más famosos e internacionales que hemos tenido en los últimos años, siempre dará de qué hablar. Por sí sola, y dado que Adela Micha forma parte de la estrategia de mercadotecnia de la nueva película de Derbez, la entrevista prometía ser amena y divertida. Sin embargo, no lo fue. En medio minutos, el fragmento publicado por el mismo medio que pactó la entrevista, reabrió dos discusiones añejas: la del clasismo normalizado por nuestras clases medias y altas, y la de la precariedad laboral de los mexicanos.

En resumen, la entrevista (que aseguró Derbez y después Micha fue sacada de contexto por diferentes usuarios de redes sociales) destacó la postura del cómico sobre las condiciones en que la generación millennial afronta el trabajo: sin compromiso, con una visión enfocada por completo a la remuneración salarial. Esto prendió la mecha de la generación de los "community managers" y de los defensores de los derechos laborales en México. En principio, porque el propio Derbez aseguró que los jóvenes ya no quieren aprender de sus primeros empleos "y que este aprendizaje conlleva sacrificar el salario-; sino porque él mismo es descendiente de una familia acomodada, su madre una de las actrices más reconocidas del país, lo que indiscutiblemente le dio ventaja sobre otros actores, para avanzar en su carrera. ¿Por qué sus comentarios no deben tomarse a broma?

Bueno, porque según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 1.2 millones de niños mexicanos entre 10 y 14 años de edad trabajan y son los proveedores de sus hogares. Esto, sumando a la escolaridad que en promedio alcanza el segundo de secundaria, los pone en una situación increíblemente desventajosa sobre los niños y jóvenes con más acceso a la educación, de clases medias y que llegan a la universidad. Este millón de mexicanos trabajan para sobrevivir. No tienen el lujo de aprender mientras trabajan: no hablemos de las competencias necesarias para desarrollar el trabajo; sino de conocimientos básicos de lectura y matemáticas.

En segundo lugar, porque el sistema laboral en México está compuesto y definido para castigar al trabajador. Es decir, con mayor o menor salario, las condiciones y la cultura del trabajo en nuestro país están diseñadas para exigirle el mayor rendimiento a una persona con las mínimas condiciones de remuneración. Los jóvenes son el sector más vulnerable en el trabajo: solo 34 por ciento de ellos tienen algún tipo de seguridad social y solo el 32 por ciento tienen prestaciones mínimas de ley.

Entonces, no se trata de un sentimiento de superioridad o percepción de merecer "o no- una retribución onerosa por el trabajo, sino de sentir que los jóvenes merecemos al menos, lo mínimo que marca la ley. En definitiva, la realidad en la que creció un joven Eugenio Derbez no es la misma que en la que se desarrollaron millones de jóvenes mexicanos.

Haría bien, tanto a Adela Micha, como a Eugenio Derbez, entablar conversaciones con personas lejos de las élites en México. Usar su posición y su influencia para llevar la conversación hacia resultados que beneficien a más personas que, finalmente, forman también parte de su audiencia. Que el trabajo sirva para dignificar el trabajo, y para hacer crecer al país.

mariela.soro@gmail.com

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