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Mujeres con propósito

Lo que significa la unidad como país

Mariela Solís

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Últimamente hemos escuchado en muchos lugares cómo debemos encontrar la “unidad” como país. Especialmente, después del clima de polarización política y económica, la desigualdad, la violencia y otros factores que mueven los ánimos. Esta “unidad” a la que muchos queremos llegar involucra, muchas veces, considerar precisamente las diferencias, las profundas brechas y la diversidad. Es decir, la unidad sin pluralidad no es un concepto al cual aspirar.

Las diferencias que nos conforman como sociedad parten de muchos escenarios posibles, de muchas formas de ver la vida, de experiencias y de caminos distintos que por sí solos guardan un valor inmensurable. No podríamos ser lo que culturalmente representamos para el mundo si, por ejemplo, no aceptáramos nuestro mestizaje; o sea, la mezcla de las razas, la historia, las culturas y las latitudes que nos hacen únicos.

Unidad no significa alinearse o uniformarse con ideologías, credos, formas de vida, de organización o de empresa. Cada vez que escucho este tipo de tendencia escondida detrás del discurso de “unidad”, no puedo hacer más que preocuparme por las consecuencias de un México sin pluralidad y sin alternativas.

Últimamente este discurso para buscar la unidad viene de actores políticos y económicos con mucha visibilidad y con mucha influencia. Esta influencia implica responsabilidad al llamar o al respaldar una idea como la unidad. Unidad no es conformidad, tampoco aceptación sin crítica; sino tolerancia a la crítica, buscar el punto intermedio y compartir. Unidad es comprometer, muchas veces, lo que pensamos o creemos para buscar un bien común.

Cuando nos referimos a una “familia unida”, no nos referimos a la caricaturización de la familia homogénea, donde los hijos son parecidos entre ellos y con los padres; sino donde las diferencias son abrazadas y celebradas, para que a pesar de eso, la familia camine junta para el cumplimiento de las metas de cada individuo que la conforma. La unidad de la familia es un ejemplo de cómo podemos enfrentar estas brechas y enormes diferencias.

No existe unidad más colorida y diversa que la unidad mexicana. Un ejemplo de esto lo vimos posterior al partido entre la Selección Mexicana de futbol contra Corea del Sur. La Avenida del Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, estaba comprometida para la “Marcha del Orgullo”, que celebra, justamente, la diversidad sexual y busca la aceptación general de un sector al que se ha marginado. Cuando se conoció el resultado del juego, como es tradición, los aficionados salieron hacia esta avenida, muchos desconociendo la realización de la marcha, otros pensando que la celebración deportiva debería ocupar un lugar prioritario en el orgullo nacional. Al llegar, los contingentes compartieron y cedieron parte de sus eventos al otro. Sin mayores confrontaciones (porque sabemos que hubo algunas provocaciones hacia los participantes de la Marcha del Orgullo). La imagen de las banderas del colectivo lésbico-gay, representada por un arcoíris, y la bandera nacional ondeando juntas es la imagen de la unidad a la que aspiro.

La unidad de lo que en apariencia es distinto, pero que comparte un solo corazón y que, precisamente por eso, aspira a compartirse con otros.

mariela.soro@gmail.com

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