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Domingo , 16.12.2018 / 16:53 Hoy

Mujeres con propósito

Cerrando el año, ¿cerrando ciclos?

Mariela Solís

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Algo que nos caracteriza como mexicanos (y que no es precisamente bueno) es el típico “dejar todo al último”. Queremos verificar el auto los últimos días del periodo y nos quejamos de las filas. Queremos pagar el predial en abril y nos molestan las multas. Tenemos la mala costumbre de dejar todo al final sin tener que sufrir las consecuencias. Este “desorden” lo tenemos no solo en nuestra vida “pública” o social; sino que también se manifiesta en nuestra vida interna o emocional. En nuestro cuerpo y en nuestra mente. Si no, basta ver las promociones de los gimnasios o los spa para comprobarlo. Dos meses antes del verano nos inundan con publicidad que dice “obtén un cuerpo de verano, aún estás a tiempo”. “Aún estás a tiempo” parece ser el llamado de atención más efectivo para las marcas y empresas. “No lo dejes para el último y aprovecha nuestra promoción” es una frase bastante trillada, pero bastante útil para el Buen Fin, el Cyber Monday o el Black Friday. Nos urge no quedarnos atrás, pero no nos motiva hacer las cosas con planeación y con tiempo. Qué decir del fin de año, cuando intentamos cerrar absolutamente todos los “ciclos” u obligaciones personales para iniciar el año con “borrón y cuenta nueva”, ¿no les suena familiar?

Pues antes de preparar los famosos rituales, las compras de último minuto o aprovecharlas promociones engañosas, quisiera que nos fijáramos en cómo va a cerrar el año nuestro interior. Es decir, todavía tenemos algunas semanas para poder poner en perspectiva qué hicimos este año, con quién tenemos asuntos pendientes, qué necesitamos emocional, mental o espiritualmente para estar bien y –antes de que llegue enero- HACERLO. No necesitamos de fechas en el calendario, de movimientos astrales o de ciclos lunares. Tampoco necesitamos de grandes sumas de dinero. La voluntad, la fuerza de voluntad, el bienestar y nuestra salud emocional no se reinician cada primero de enero. Es lo bueno y lo malo de los seres humanos. Aunque tenemos una fecha de caducidad, la ignoramos por completo. No sabemos cuándo llegará. Entonces cualquier momento es el indicado para cerrar ciclos, para terminar con aquellas actitudes que nos hacen y hacen daño. Para echar a la basura los pensamientos negativos, los juicios que otros hacen sobre nosotros. Para cerrar las brechas y terminar con las malas relaciones.

La vida es un infinito abrir y cerrar de ciclos.

Así como hoy estamos aquí, como ustedes están leyendo estas líneas, mañana podrán estar encontrando el mejor de los empleos, perdiendo a un ser querido o mudándose de ciudad. La vida no se detiene, pero sí nos está esperando.

Decir “te quiero”, “perdón”, “ayuda”, “adiós” y tomar acción son puntos de trasformación definitiva para nuestro paso en este plano y no requieren de ponerle una fecha. La fecha es hoy, ahora. No el 31 de diciembre, ni en Navidad. Tampoco los cumpleaños o los fines de año fiscal. Mirarnos y decirnos a nosotros mismos “te estaba esperando”, “eres suficiente”, “eres mi más grande amor” no requiere de escenas de final de película, ni de grandes gestos románticos. Tu existencia es un gesto romántico suficiente. Que estés vivo y que seas consciente de la maravilla de esa existencia es lo único que necesitas para empezar a transformarla. Tengas o no las cosas materiales que habías soñado o planeado, tengas o no a la pareja que crees ideal: la vida siempre será mil veces más hermosa cada vez que te des cuenta de lo grande que es y de todo lo que puedes estar disfrutándola hoy, en este momento.

Cada quien construimos y desconstruimos lo que somos a cada momento. Ese es nuestro regalo divino y nada me gustaría más que lo disfrutáramos al máximo. Recuerda: La vida es un infinito abrir y cerrar de ciclos.

Nos leemos más adelante.



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