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Sábado , 21.07.2018 / 01:22 Hoy

Columna de María Elena Barrera

Un círculo que jamás debió existir

María Elena Barrera

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Ya nadie recordará las amargas lágrimas que cientos de mujeres derramaron ante la incredulidad de las respuestas que los constituyentes hacían a sus solicitudes para respetar los derechos políticos de las mujeres.

Pocos tendrán en cuenta a Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza, quien en razón de estricta justicia, refería al Congreso Constituyente las obligaciones públicas igualitarias a que estaba sujeta el género femenino y por principio lógico, aseguraba, les correspondía el reconocimiento de sus derechos políticos, que convenientemente no habían sido concedidos más que a los varones.

Las justas políticas de hace casi un siglo, evadían la discusión argumentando el estado social en que las mujeres efectivamente no habían dejado el círculo del hogar doméstico y eran tan pocas las que se interesaban en participar en el mundo político que parecía un sinsentido dar cabida a sus derechos; nada más lejos de aquello que merece el género femenino, este era un verdadero acto de violencia desmedida.

El panorama poco a poco reivindicó el valor de la mujer, recuperando la voz que había perdido; hoy, el panorama dista mucho de aquel México revolucionario. Nuestro país cuenta con un marco jurídico robusto que privilegia la equidad de género, la protección de las mujeres frente a la violencia y la igualdad de oportunidades entre las personas sin importar su género. Un escenario de fantasía para mujeres como Elvia Carrillo Puerto que no imaginaría el gran salto desde el voto femenino hasta las cuotas de género.

Esto es el reflejo de una realidad que nadie puede negar, tenemos leyes más justas e instituciones más sólidas para proteger a las mujeres a la par de su cada vez mayor participación en la vida pública y productiva del país.

En este momento, las mujeres hemos asumido nuevos roles; 27.2% de los hogares se encuentran encabezados por una mujer y 7 de cada 10 trabajadoras son el sustento de sus familias, lo cual, en términos neandertales de algún constituyente del 17, significaría que las mujeres ya han salido del círculo del hogar doméstico, uno que no debió ver la luz jamás. Por eso hoy exigimos nuestros derechos, porque nos merecemos trabajos igualmente remunerados en condiciones seguras y libres de violencia o acoso.

Ahí radica la importancia de certificaciones como la de la Norma Mexicana para la Igualdad Laboral y No Discriminación recientemente instruida a las dependencias federales por el Presidente.

Tenemos que erradicar la desigualdad y revertir los costos sociales que acarrea. Es largo el camino que hemos recorrido, pero cada día nos acercamos un poco más a materializar efectivamente los derechos de las mujeres; debemos redoblar los esfuerzos y seguir trabajando en el México en que todos nosotros creemos, un México en paz, un México de igualdad entre hombres y mujeres.

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