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Martes , 19.06.2018 / 11:55 Hoy

Columna de María Elena Barrera

Mayoría discriminada

María Elena Barrera

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Un reciente y muy interesante estudio del Banco Mundial ofrece para nuestra reflexión la paradoja que da título a esta colaboración: mayoría discriminada.

Este estudio reveló que en pleno año 2015:

•Al menos en 100 países las mujeres, por el solo hecho de serlo, tienen prohibido realizar ciertos trabajos remunerados, como conducir automóviles y, desde luego, todo tipo de transportes públicos.

•En más de 150 países existen leyes vigentes que contienen disposiciones prohibitivas o segregacionistas en contra de las mujeres; por ejemplo, aquellas que les impiden realizar operaciones comerciales, atender o poseer un negocio propio o desempeñar un trabajo de oficina sin contar con el previo permiso de sus maridos, padres o hermanos, según sea el caso.

•Por contraste, solo en 15 países de todo el mundo es posible advertir la ausencia de legislaciones discriminatorias en contra de las mujeres.

•En más de 60 países no existen leyes que sancionen la violencia intrafamiliar, ni el acoso sexual en el trabajo.

•En más de 100 países el acceso de las mujeres a la educación elemental y a la formación universitaria está restringida o de plano prohibida.

Desde luego, la relevancia de los datos que aporta el Banco Mundial en su estudio trasciende el asunto de la mal llamada equidad de género. La ecuación es muy sencilla: si como también nos dice el Banco Mundial poco más del 52 por ciento de la población mundial está formada por mujeres, es obvio comprender el enorme costo económico y social de la discriminación contra la mujer en términos de pobreza. Es evidente que en primer lugar los males asociados a la miseria, carencias en términos de salud, alimentación, educación y vivienda, recaen precisamente en las niñas y las mujeres en general.

Avanzar decididamente hacia un diseño mundial incluyente, que valore la dignidad y los grandes aportes femeninos, desde luego es el reto y el camino correcto para los próximos años. Dada la abrumadora evidencia económica y científica que existe, hoy no se puede ignorar que la pobreza y la discriminación en contra de las mujeres están asociadas. Romper ese flagelo, ese círculo vicioso de injusticia e indignidad es labor, en primer lugar, de los gobernantes, de los educadores y de quienes aspiramos a un mundo mejor, más humano y solidario.

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