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Sábado , 23.06.2018 / 19:04 Hoy

Columna de María Elena Barrera

La falacia de la Bella y la Bestia

María Elena Barrera

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Lejos de las adaptaciones familiares o las páginas de Villeneuve y de Leprince de Beaumont, el célebre cuento de La Bella y la Bestia esconde un fuerte mensaje que no todos hemos notado.

Hagámonos niños de nueva cuenta y retomemos la historia, La Bella y la Bestia es el relato de la hija de un comerciante en bancarrota, Bella, una hermosa, valerosa y muy culta joven, amante de la lectura, que busca ser exitosa.

Por azares del destino, su padre acaba en un castillo arrancando una rosa que Bella le había pedido; sin embargo, el dueño del rosal y del castillo, una bestia feroz, lo atrapa justo cuando tomaba la rosa y para poder dejarlo ir, le pide que su hija tome su lugar como prisionera en el castillo.

Bella, sin miedo alguno, acepta ir a vivir con la Bestia, y con el paso de los días empieza a disfrutar de su compañía, hasta por fin enamorarse de la Bestia, la cual mágicamente se transforma en un príncipe de cuentos de hadas (con énfasis en la redundancia) pues requería romper el hechizo con el amor verdadero de alguien que pese a su apariencia, lo amara.

Es necesario aclarar que no hago referencia al Síndrome de Estocolmo, que muchas veces ha sido relacionado con la historia de Bella secuestrada que se enamora de su captor la Bestia. No, hablo de una historia en que un ser humano adopta una forma bestial antes de encontrar el amor verdadero y al encontrarlo deja atrás todos sus vicios y fierezas para convertirse en un príncipe.

Esto muchas veces ocurre en nuestras relaciones personales, pensando que los malos tratos, los actos de violencia, los chantajes, groserías, agresiones y si me los permiten, las bestialidades, mágicamente se acabarán al casarnos o comprometernos formalmente.

Muchos de nosotros crecimos a la par de cuentos como este, creyendo que una promesa vitalicia de amor cuenta con poderes de alquimia para transformar una relación violenta en una relación feliz, contraer matrimonio no va a mejorar un mal noviazgo ni tampoco los hijos corregirán un matrimonio.

La realidad dista mucho de los cuentos de hadas, por eso, tal vez encontramos una falacia en la Bestia transformada, algo demasiado fácil para ser cierto; las relaciones sí pueden mejorarse y las personas sí pueden cambiar, pero esto no se hace por medio de un solo acto, es producto de un trabajo diario y constante, de pugnar por el respeto y amor a nuestra pareja.

No dejamos de comportarnos como bestias cuando alguien nos ama, pero si lo hacemos cuando de verdad amamos a alguien.

Merecemos vivir en un México sin violencia de género, sin violencia en nuestras familias, merecemos un México en paz. Lograrlo depende de todos, de pequeños cambios, congruencia y consideración.

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