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Lunes , 15.10.2018 / 17:31 Hoy

Columna de María Elena Barrera

Cuando madruga la violencia

María Elena Barrera

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En los días que corren resulta imposible apartar la vista del del contexto internacional, hoy que se conmemora por la ONU el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas.

A tan solo dos días del ataque terrorista ocurrido en Bruselas, gran parte de la comunidad europea vive aún horas de pánico e incertidumbre. Luego de que la violencia radical madrugara más que las medidas extremas de seguridad, no tardaron en mostrar solidaridad los máximos representantes de los países del resto del mundo.

Tardía resultaba, igual, como el lógico refuerzo de las medidas de seguridad en naciones vecinas, principalmente en Francia, Amsterdam, Alemania, Londres y por supuesto Estados Unidos. Inclusive, pese a sus gran capacidad de inmediatez las redes sociales tampoco sortearon del todo la espeluznante escena, la capacidad de destrucción, sí del integrismo islámico -el yihadismo en su expresión más violenta-, pero más allá de todo eso, de la pasividad política en esta lucha antiterrorista donde los países ya no son nuevos.

El modelo de ataque sigue siendo el mismo, conservador en sus formas, recordamos de inmediato los atentados de París, máximo daño material, gran número de víctimas y mínimos recursos para generarlos. Sin embargo, el discurso mediático en una de sus ramificaciones busca y persigue a un supuesto tercer atacante.

Ya la opinión europea da sentido a esta proliferación de jóvenes que resultan sacrificarse bajo el estandarte del fundamentalismo; no es del todo así, incluso resulta escurridizo afirmar que estos hombres actúen en función de un fanatismo religioso. Jóvenes, nihilistas formados en la marginación, la expulsión del sistema y su consecuente inadaptación.

Por eso, me llama la atención el simbolismo con el que explotan sin nada que perder; en los puntos geográficos que lo hacen, en los sitios que estructural y funcionalmente representan -tanto el aeropuerto como el metro- en una ciudad como Bruselas.

Es un explotar contra los valores que representa la Unión Europea, es literalmente plantear un alto total y no lo exalto, porque pretenda con esto decir que está bien, sino que de este alto, de este espasmo y convulsión global, devengan no las preguntas, más bien las respuestas en cuanto al margen de maniobra que resulta tener el Estado Islámico en países como Bélgica y el juego que está "jugando" la propia UE en cuanto a la seguridad con el manejo de información y cooperación entre los países miembros.

¿Será más bien un nihilismo que explotó casualmente a pocos kilómetros de la sede de la OTAN? Todo un discurso global.

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