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Miércoles , 20.06.2018 / 07:29 Hoy

Columna de María Elena Barrera

Actitud en el Año Nuevo

María Elena Barrera

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Ningún año es igual, cada uno ha traído diferentes cosas, vivencias buenas otras no tan buenas, logros, tropiezos y por qué no, fracasos también. A final de cuentas en esto radica nuestra humanidad en toda la extensión de la palabra, es lo que nos hace, lo que nos conforma y define.

Pero lo más importante, se trate de la conclusión o inicio de un año, en definitiva lo es la actitud; ser conscientes de esta conducta puede convertirse en un potente detonador de éxitos, bendiciones, oportunidades; dependiendo de cada persona, etcétera.

Se trata de la forma, el carácter, la bravura y el humor con que nos aprestamos a las cosas, al mundo, a la vida. En cierto sentido es la única certeza que poseemos, ya que su construcción, su hechura sólo depende de nosotros mismos y de la esencia que nos caracteriza. O en otras palabras de esa línea que nos vuelve individuales.

Veámoslo de esta manera, justo en la cuenta regresiva con la que despedimos al 2013, de pronto nos sentimos asaltados, sorprendidos de un recuento fugaz y luminoso, como los fuegos de artificio y, los recortes de imágenes que constituyeron o marcaron ese año se presentan como el preámbulo, el eslabón de donde habrá de sujetarse el año que está por comenzar.

Así es como empezamos un nuevo año, descubriendo en la mirada de nuestros familiares esa esperanza renovada, el rostro destellante de los deseos que habrán de conquistarse en una nueva aventura, los bríos renovados que despertarán con nosotros la primera de 365 mañanas que esperan siempre todo lo mejor de nosotros.

Pero insisto, la serenidad, el temple, la pasión o pasividad con que apropiamos ese momento de renovación, de concluir e iniciar; es actitud. Creo que en esto radica el ejercicio de reflexión al que estamos invitados de manera franca cada 31 de diciembre, una vez que terminaron nuestras prisas y recobramos la calma.

Al final, paciente siempre espera el momento de la verdad, de nuestra verdad. El momento de estar solos con nosotros mismos expuestos a la intemperie o envueltos en el calor que rija nuestras vidas.

Y también, como lo expresaba la semana pasada lo más importante está en la fe que depositemos en nosotros mismos y en esa línea de pensamiento quiero desearles lo mejor en sus propósitos para este año que está iniciando, deseo de todo corazón que conquisten sus metas y alcancen los anhelos de su corazón.

Que esta reflexión sea una especie de regalo u obsequio que deseo compartir con todos ustedes, quiero envolverlo y decorarlo con una frase que haga las veces de papel celofán. ¡Feliz año 2014!

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