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Miércoles , 14.11.2018 / 06:37 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

¿Son los hijos unos extraños?

María Doris Hernández Ochoa

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Quienes hemos estado muchos años en la docencia tratando siempre con alumnos bien educados, corteses, cumplidos y esforzados, no dejamos de extrañarnos de cómo ha cambiado el ambiente escolar y el comportamiento de jóvenes que esencialmente son buenos y cariñosos.

Pero algo ha estado pasando en los últimos años, digamos, diez o más, que ha trastornado de alguna manera el equilibrio colectivo que de pronto irrumpe en nuestra sociedad con actos de rebeldía, algo de desenfreno y, lo peor, de violencia, como el ocurrido en un colegio de Monterrey en este mes de enero.

No se trata de violencia social y contestataria, como la que recordamos los adultos en los fines de los años 60, durante la cual miles de jóvenes de muchos países, salieron a las calles para protestar por el mal estado de la educación, el poder político, la marginación y la pobreza. Ahora se trata de una rebeldía que todavía no atinan a definir los sociólogos y educadores, porque se trata de un fenómeno que está surgiendo y del cual no es posible visualizar las consecuencias.

Se dice que los jóvenes requieren más atención de sus padres, es cierto, pero no lo es todo. Porque existen miles y miles de ahora adultos que vivieron en un hogar en donde privaba el ausentismo, había problemas familiares y económicos, con padres que de plano desconocían los intereses y ambiciones de los hijos.

Sin embargo, surgieron personas de éxito y pese a no tener buenas referencias conductuales, han salido adelante convirtiéndose en personas de provecho y en casos, hasta líderes en su área. ¿Ellos no sufrieron privaciones, incomprensión, incomunicación? ¡Claro que sí!, pero salieron adelante.

No sabemos si el darles todo a los hijos y que reciban todo sin esfuerzo y quizá sin merecerlo, les haya debilitado la voluntad y el carácter. El ponerles las comodidades y casi ninguna obligación o tarea en beneficio de la familia ocasione la búsqueda de satisfactores reemplazantes del sentido de vivir.

El avasallamiento de la tecnología también está contribuyendo… es el “shock del futuro” que predijo Alvin Toffler en los años 70 y que el joven no puede eludir para no sentirse obsoleto.

Difícil tarea tienen hoy los padres y maestros de principios de siglo.

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