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Miércoles , 17.10.2018 / 23:16 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

Las consecuencias del sindicalismo como instrumento político

María Doris Hernández Ochoa

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El sur de Tamaulipas ha sido cuna del sindicalismo. Se originó por los abusos de las empresas en manos de extranjeros que explotaban el petróleo, los ferrocarriles y otras empresas, como la eléctrica y pequeños negocios.

Con el paso del tiempo los extranjeros abandonaron sus negocios por razones de Estado y los pocos que se quedaron, se fueron ajustando a la normatividad que establecen la Constitución.

El sindicalismo ha sido teóricamente una importante institución desde el momento en que su objetivo es la defensa de los derechos de los agremiados en cuanto a presionar por mejores sueldos y prestaciones. Pero desde el momento en que los gobiernos sopesaron el valor político del control de los sindicatos, empezaron a corromper sus objetivos originales, al incorporarlos masivamente a los designios presidenciales para el control del voto corporativo y como respaldo oficial a las políticas gubernamentales.

De esa manera, al incluirse la llamada “cláusula de exclusión” en la ley laboral, se aseguraba de que todos los trabajadores tenían que adherirse a una línea política, so pena del rechazo o la pérdida de su trabajo, fórmula descaradamente atentatoria a la libertad política de la clase trabajadora.

Así surgieron los sindicatos petroleros, de la industria eléctrica y de los maestros, como los más importantes cuantitativamente, y por el género de actividad; paralelamente se aglutinó a la clase campesina con los mismos propósitos. El resultado fue la creación de ínsulas de poder que, como la metáfora del profesor Frankenstein, se convirtieron en monstruos que hasta cierto momento, incontrolables por las exageradas pretensiones de los llamados líderes, que fueron vendiendo cada vez más cara su adhesión. Al gobierno no le quedó más recurso que dejar al descubierto la mano de hierro, descabezando a los máximos representantes.

¿Qué le ha debido México como sociedad al sindicalismo y sus desplantes? Allí están las consecuencias: una nómina estratosférica en Pemex que encareció su costo de producción y que ahora por el bajo costo del producto, se tambalean sus finanzas. Los maestros también han estado uncidos políticamente al gobierno federal o estatal, y por el mismo propósito, se les permitió cuanto exceso quisieron: miles de “comisionados”, dobles y triples sueldos, nómina sin trabajador. Un resultado negativo de esa política ha sido el informe que arrojan las evaluaciones.

¿Es ésta la herencia de la Revolución Mexicana? ¿No se ha aprendido de la amarga experiencia del populismo?

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