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Columna de María Doris Hernández Ochoa

La reacción ante la tragedia retrata el nivel educacional

María Doris Hernández Ochoa

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El mundo se divide entre los que sufren una tragedia y los que están alrededor de ella. Las respuestas son termómetros que miden el nivel de espiritualidad, de solidaridad y compasión, pero éstas dependerán de su posición cultural, educacional y la fortaleza de quien sufre la tragedia de sus familiares, amigos o congéneres.

Se analizarán dos casos opuestos en esa respuesta emocional: la de los jóvenes estudiantes asesinados en Ayotzinapa, Guerrero, que cimbró las estructuras de los tres niveles de gobierno, internacionalizándose éste. Es verdad. El acontecimiento fue terrible sobrecogiendo a los padres, familiares, amigos, condiscípulos, quienes se manifestaron desde el mismo día en que se declararon desaparecidas las personas… y empezó un peregrinar en busca de la localización de los cuerpos. Luego vino el desafío, el reto y acusación a las autoridades, incluso contra el Ejército.

Los dolientes acudieron a todas las instancias nacionales e internacionales en busca de apoyo, y aunque éste les llegó de diferentes formas, la posición del gobierno fue también de respaldo… pero no suficiente: los padres adoptaron una posición contestataria hasta la fecha. Claro, estaban y están dolidos, pero se han convertido en centro de la atención incurriendo en lo que se llama victimización, y es ésta ya una posición radical cargada de emotividad. Nada se ha podido hacer ni se podrá remediar, por lo tanto, ¿qué más se espera? ¿Más manifestaciones dolorosas, reclamos y protestas, con plantones? ¿Para qué? El asesinato masivo ha sido resultado de una sociedad en descomposición… que el Estado no ha podido prever. En cambio, los familiares de las víctimas del sismo de septiembre en la CdMx y los mismos damnificados han dado una lección al mundo de solidaridad.

En lugar de condenar y acusar a quien crean que es culpable, se han dedicado a superar la precaria situación y el dolor ante la muerte y destrucción de bienes.

Las mismas víctimas del sismo han formado grupos de apoyo, en lugar de sentarse con lamentaciones. Con un gran optimismo están proporcionando apoyo material y profesional a otras víctimas.

Ahora se conmemorará el Día Internacional de Voluntarios, el 2 de diciembre.

Qué contrastes entre una sociedad y otra: una arrastra la amargura de un dolor y otra se sobrepone con optimismo y fe. He allí la diferencia. Educación.

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