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Viernes , 19.10.2018 / 09:40 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

La mujer: de acosada a acusadora

María Doris Hernández Ochoa

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En el Día Internacional de la Mujer, es oportuno hablar de los conflictos a los que la pueden llevar los acosadores, hombres que la rodean y que la ven no como un ser humano con necesidades grandes por trabajar y ganarse la vida honradamente, sino objetivo de sus apetitos desordenados, deshonestos e inmorales.

En las últimas semanas han salido a la luz, sobre todo en los Estados Unidos, denuncias algo extemporáneas de mujeres contra acosadores, tanto en el patético y falso mundo tras las tramoyas de los sets cinematográficos, como en las herméticas oficinas gubernamentales y de las empresas, tan lujosas como vacías.

Lo cierto es que mujeres de los EEUU ahora maduras, van a los medios a hacer su “denuncia” o acusación contra tal o tales hombres que las hostigaron. El cantante español Mario Vaquerizo hizo la crítica y reparte culpas por igual y da un consejo a las víctimas: “No vengas 25 años después con eso. Mejor cállate”, dice.

El acoso es una consecuencia tanto del machismo como derivada de la estructura del poder; luego la fácil opinión de quien se entera de que “algo habrá hecho”. La mujer tiene la necesidad de trabajar y vestirse bien, pero no para provocar, sino a favor de la imagen del lugar donde labora y por decoro femenino; pero joven, guapa y soltera, puede ser presa al alcance de un hombre carente de principios éticos.

El caso del acosador Harvey Weinstein, productor de cine en Hollywood, dio la vuelta al mundo al ser masivamente denunciado por aquellas mujeres que han sido sus víctimas. Los otros productores decidieron vetarlo a perpetuidad.

El medio ambiente del teatro, cine, deporte, oficinas, no es un lugar propicio, sino una oportunidad de mostrar poder. Si ese poder va acompañado por el silencio y la impunidad, entonces se regodea el varón con un enorme capital simbólico: la ratificación del mismo, sin que este poder signifique necesariamente una correlación perniciosa. Lo que sí es una constante es que todo poder irrestricto lleva al abuso.

La forma más eficaz de terminar con una velada o no aparición del acoso, es guardar la distancia física y no responder a palabras con doble sentido. Decir con todas las palabras que rechaza insinuaciones y cualquier familiaridad.

Otra advertencia ante el falso galán, es el contarle lo que pasa al jefe del impertinente, al novio o al papá, de lo que está pasando, y si se trata del jefe mismo, con decírselo a alguien por quien sienta temor si se entera. La denuncia penal es válida y procede.

Las mujeres del mundo no podemos festejar el Día, si no poseemos libertad, reconocimiento a nuestra dignidad, celo profesional y valor para explayarnos. Debe acusar y no permitir más ser acosada.

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