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Martes , 23.10.2018 / 00:46 Hoy

Columna de María Doris Hernández Ochoa

La ética empresarial también cotiza en la bolsa

María Doris Hernández Ochoa

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Con frecuencia el público se entera a través de los medios, de actos de corrupción incluso en el medio empresarial, en el que se da por supuesto que existen códigos en cada una de esas organizaciones privadas.

Cuando sale a la luz una acción que atenta contra la ética, los perjudicados serán quienes tengan alguna relación, directa o no, pero al final, todos son perjudicados. El problema es que no siempre son conocidas esas desviaciones, ya sea porque la empresa “controla” la información pública o porque no hay inspectores a prueba de resistirse a aceptar un medio de convencimiento para que todo aparezca “sin novedad”… con tal de que la empresa siga trabajando y no se perjudique a los trabajadores y continua la dinámica económica… a costa de provocar un lastre a largo plazo que será difícil erradicar, como los efectos contaminantes y lesiones al ecosistema.

Han existido empresas internacionales que lucen un envidiable prestigio, como algunas financieras. Este caso ilustra la conducta inescrupulosa y codiciosa de varias estadounidenses a partir de los años 80, al amparo de las políticas de desregulación de las actividades económicas promovidas por el enfoque neoliberal. Enron Corporation empleó diversos mecanismos de corrupción y aprovechó la desregulación del sector energético y la débil regulación y supervisión del sector financiero y del mercado de valores. Esta magna empresa tenía ingresos anuales de hasta 51,000 millones de dólares y una planilla de 21,000 personas poco antes de su quiebra. En mayo 2006 los responsables directos del escándalo, Kenneth Lay y Jeffrey Skinning, presidente y vicepresidente de la empresa, respectivamente, fueron declarados culpables de fraude y engaño.

Nuestro país no ha estado exento de maniobras fraudulentas, como las financieras que captan fondos de particulares ante prometedor futuro para el inversionista… y luego desaparecen del mercado, abandonando a miles sin sus ahorros. Ya reseñamos aquí los efectos de la corrupción al conceder graciosamente, permisos de construcción a cientos de edificios en el DF, que se derrumbaron en 1985

En los últimos días, explotó la bomba de la corrupción nada menos en el corazón de la empresa VW, ícono de una Alemania poderosa, de quien pensamos tenía entre sus valores la honestidad y transparencia, perdiendo casi 17 mil mdd de su valor de mercado, por un “pequeño” fraude, al falsear las pruebas de emisión de contaminantes. Invariablemente, algunas empresas desaparecen o sus bonos en la bolsa caen… por falta de ética.

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